martes, 16 de diciembre de 2008

Proust VS Vanity Fair

Después de hacer el famosísimo cuestionario de Proust, y vagando un poco por la red llegue a un cuestionario no tan intenso, pero imagino que mas leído que el de mi querido escritor francés. La versión de hace un año del cuestionario de Vanity Fair (espero con ansia el de este año)
I trost yu ol spik inglish.......

What is your idea of perfect happiness? 
1. To live without fear.

What is your greatest fear? 
2. Not being able to do that what I love.

What is the trait you most deplore in yourself? 
3. Laziness.

What is the trait you most deplore in others? 
4. No humor.

Which living person do you most admire? 
5. W. Allen.

What is your greatest extravagance? 
6. Marc Jacobs designed band aids. Like the ones you put on when you cut your finger...

What is your current state of mind? 
7. Excited, restless.

What do you consider the most overrated virtue? 
8. Patience.

On what occasion do you lie? 
9. When buying expensive movies, books, dinners and drinks. I say to myself: Is not a waste of money. Is an investment, is for a good reason...

What do you most dislike about your appearance? 
10. My belly, but sometimes is my best quality.

Which living person do you most despise? 
11. Don't despise anyone in particular; it's a waste of energy. But sometimes I despite everyone.

What is the quality you most like in a man? 
12. Vulnerability.

What is the quality you most like in a woman? 
13. Femininity, elegance.

Which words or phrases do you most overuse? 
14. Erotic, curious.

What or who is the greatest love of your life? 
15. You.

When and where were you happiest? 
16. When made my first architectural project.

Which talent would you most like to have? 
17. To draw like Egon Schiele.

If you could change one thing about yourself, what would it be? 
18. I'd like to be more open, less nervous and less trustful.

What do you consider your greatest achievement? 
19. Not giving up.

If you were to die and come back as a person or a thing, what would it be? 
20. A wonderbra or Marcello Mastroianni.

Where would you most like to live? 
21. In the B612 asteroid.

What is your most treasured possession?
22. My eyes, not for the eyes themselves but for the ability to see. I think I've seen beautiful things and many more are coming.

What do you regard as the lowest depth of misery? 
23. Being simple minded and not knowing it.

What is your favorite occupation? 
24. Enjoying life.

What is your most marked characteristic? 
25. Shy and a little stupid.

What do you most value in your friends? 
26. Loyalty. Respect.

Who are your favorite writers? 
27. O. Paz, J. Rulfo, E.E. Cummings, O. Wilde, N. Ostrovsky, A. Nïn, V. Wolf, A. de Saint-Exupéry.

Who is your hero of fiction? 
28. Pavel Korchagin, Pip (from Great Expectations).

Which historical figure do you most identify with? 
29. H. Miller, P. Verlaine, el Santo.

Who are your heroes in real life? 
30. Everyone that fought for what they wanted... and got it.

What are your favorite names? 
31. Lucia, Ana, Eva.

What is it that you most dislike? 
32. Spiders. Driving.

What is your greatest regret? 
33. Not kissing her enough.

How would you like to die? 
34. Attacked by a jealous husband.

What is your motto? 
35. I forgive but I don't forget.
Do everything as serious as a child playing

Grupo

En la ciudad pakistaní de Thul, hace 45 años, nació Saleem Khan. De niño profetizó el advenimiento de “la enfermedad del vidente”. Se trata de un caso digno de resaltarse. La razón es que él mismo, ya desde entonces, practicaba las artes adivinatorias, normalmente en la modalidad del trance (caía repentinamente en estados catatónicos, explicados a detalle en la obra del estudioso belga Nakuvitz y hablaba en balbuceos que luego fueron identificados con la lengua de Mahr). Así, la enfermedad del vidente es una epidemia que “vendrá a confundir a los mortales”. Aparentemente la capacidad de ver el futuro se volverá masiva. El problema de esto es que anulará el futuro. Khan está recluído en el hospital psiquiátrico de Islamabad desde hace diecisiete años. Ha profetizado doce veces su muerte. En ninguna de ellas ha acertado. Él pertenece a un grupo que se hacen llamar “Los Unicos". Han decidido que las reglas de cortesía tradicionales son meras especulaciones y por lo tanto se han dedicado a transgredirlas consciente, serenamente. Son un grupo de 50 personas, más o menos: no todos toleran este régimen que atenta contra lo establecido. Sin embargo, hay un núcleo central, de unas 30 personas que se ha mantenido fiel a estos preceptos desde que este grupo inició sesiones bajo la supervisión del Dra. Luisa Martitz hace tres años. De entrada el saludo es ya notable: te besan en la boca, lengua y todo, y pueden tocarte los genitales y ofrecerte los suyos sin ningún recato. En seguida, te lanzan un insulto fuerte. No llevan ropa común o la llevan mal puesta: hombres vestidos de mujeres, mujeres envueltas en una toalla, señores de toga y corbata, señoras de carnes fláccidas en bikini. Eructan. Comen con las manos. Hacen sus necesidades encima del vecino. Llegan a los golpes a la menor provocación. Pero fuera de eso se sienten felices, sumamente felices.
Si hablas con ellos, la sorpresa es mayúscula: hay secretarios de estado, actrices famosas, directivos de empresas, filósofos, un bombero. Yo me uní al grupo para evitar el aburrimiento. El pabellón de enfermos mentales puede ser muy tedioso.

martes, 25 de noviembre de 2008

¿Que mas?

Gasté mucho dinero en autos, alcohol y mujeres. El resto lo malgasté”
George Best (el quinto Beatle)


¿Que mas se le puede pedir a la vida?


End

Demasiado bueno para no postearlo.


A Girl Called Trouble from worldwentdown on Vimeo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Teléfono

Por razones que no vienen al caso, hoy me dio por pensar cuánto habían cambiado las cosas en los últimos años. Y llegué a una conclusión: los adolescentes de hoy en día tienen bastante fácil la interacción social con sus pares. Si quieren comunicarse con el novi@, un amig@ o quien sea; tienen la posibilidad de chatear, mandarle un sms, enviarle un correo electrónico, dejarle un mensaje en el facebook o en última instancia llamarle a su teléfono móvil.
En mis tiempos las cosas no eran así, uno se veía obligado a telefonear a las casas de la gente. Para alguien con mi personalidad fóbica y paranoide, esto se convertía en un suplicio, especialmente por culpa de “la maldita”.
Cuando se llamaba a la casa de la otra persona, podían suceder muchas cosas. Tu llamada podía ser contestada por personajes como el abuelo sordo que grita: ¿Ah? ¿Qué? ¿Con quién? ¿Policía? No, no, esta no es la Policía. ¡Ah Lucia! Sí, Lucia sí vive aquí. ¿De parte de quién? ¿Quién? ¿Maclobio? ¿Un microbio? ¿Un lobo? ¡Ah, su novio! Finalmente, luego de eternos minutos de alaridos, terminaba por decir que Lucia no estaba. Aún así, el anciano que no escucha no es nada comparado a “la maldita”.
“La maldita” solía estar en su casa todo el día, por lo que las posibilidades que fuese ella quien atendiera, eran bastante altas. Su tono de voz hacia pensar que se había tragado una caja de sedantes, por eso siempre daba la impresión que uno la había despertado (aunque fuesen las tres de la tarde).
El personaje en cuestión desde el primer momento demostraba con su voz medicamentosa, que le molesta en exceso contestar llamadas que no son para ella (a quien nadie llama nunca).
A diferencia del abuelo sordo, ella no tenía ningún problema auditivo, pero con la única intención de molestar, pedía que le repitas una y otra vez, la misma cosa: ¿Quién es? ¿Alberto? ¿Rigoberto? ¿El tuerto?; también se dedicaba a hacer preguntas que no vienen al caso, con su tonito odioso: ¿Con Lucia? ¿Tú estudias con ella? ¿No? ¿Dónde estudiaste? ¿Y, a que te dedicas? Ah... Mira Humberto (olvidando de nuevo el nombre), Lucia no está y no se a qué hora regresa.
–No, disculpe, pero no me llamo Humberto
–Huy, bueno es que tu nombre es poco común ¿por qué tus padres te pusieron así? ¿cómo se llaman ellos? ¿en qué trabajan? ¿y tus hermanos?
Después de cada respuesta, “la maldita” lanzaba un suspiro desaprobatorio, luego solía atacar nuevamente con otra pregunta, hasta que se aburría y decía que está muy ocupada. Cuando Lucia llegaba a la casa, ella le decía que lo llamó un tal Epifanio ¡y cómo habla ese Epifanio! ¡No me dejaba terminar de cocinar la comida!
Si se es lo suficientemente demente como para volver a llamar a la casa y por mala suerte “la maldita” respondía de nuevo (y Lucia seguía fuera), cuando hubiese regresado, ella le comentaría: Por ahí te llamó un Epifanio, ha estado llamando todo el santo día.
La única manera de garantizar que “la maldita” no va a decirle nada a Lucia, era cuando se le decía: Señora, por favor, dígale que me llame, es bastante urgente. Ella nunca dará el mensaje.
Por culpa de “la maldita”, de todas “las malditas”, muchos pasamos nuestra adolescencia llamando a las casas para colgar apenas oíamos su insoportable voz. Por culpa de “la maldita”, las Lucias del mundo dejaron de ser invitadas a las fiestas. Por culpa suya y sólo suya, sudamos frío tantas veces. Deben haber sido tantas las cosas que dejamos de decir y de hacer por culpa de “las malditas”...
Pero viéndolo bien, ahora es lo mismo, solo que en lugar de escuchar a “la maldita”, ahora te responde una voz sospechosamente agradable que te dice “el numero que usted marco no se encuentra disponible…”

martes, 18 de noviembre de 2008

Pienso

Todo tiene un comienzo y un fin. Todo fluctúa, todo puede ser representado por una onda: cresta y valle. Estoy seguro que la inteligencia es como un barco en el océano. Hay veces que llega a lo más alto y otras mas parece hundirse. Así, aquella mujer que en algún momento admirabas por su inteligencia, ironía y sentido del humor, la puedes encontrar después de tiempo siendo una amiba de la sociedad, solo hablando de pañales y de su marido. También puede suceder lo contrario. Mientras lees el periódico en el desayuno, te encuentras una foto del idiota de la escuela dentro de una entrevista que lleva por nombre Las mentes jóvenes más brillantes. Lees sus respuestas y ves que su ingenio es tremendo, que es exitoso. Todos vivimos en ese constante vaivén. Ahora mismo me encuentro a la par del Titanic, con una estupidez apabullante. Me encuentro adormecido, mis pensamientos se desvanecen antes de poder expresarlos, mis comentarios rayan en la idiotez. Cuando escucho a otras personas hablar, discutir, rebatir, me asombro de cómo alguien puede ser tan inteligente. Entre neblinas recuerdo cuando yo era el que rebatía, el que discutía y el que formulaba teorías. Parece que estuviera imaginando esas escenas. Y pienso: qué inteligente y qué triste era yo entonces.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Mailer



Hache

El mundo no está preparado para los que sienten, piensan y viven más que el resto de nosotros. Cuando alguien que vive demasiado, vive en un segundo lo que yo vivo en una hora, y en una hora, lo que yo vivo en una vida, ¿qué pasa? Salta la histeria, la envidia, el resentimiento, el reclamo, la ironía, la pobreza de la propia vida. Pero esperemos que aquellos que aman la vida demasiado, los fuertes, los que no paran de poner todo en un instante, que se entregan como locos a cada segundo de esta carrera hacia la muerte, no escuchen nada, no se detengan, porque su lance es lo que hace que el animal humano, de vez en cuando, merezca celebrar la poesía en que se puede volver una verdadera vida.

Princess

Ayer la ví. Era casi la misma, con su nariz recta hasta la perfeccion y unos jeans rotos que me sorprendieron porque le quedaban menos flojitos que de costumbre. La invitación por Gmail decía “Venga a ver a la freak” y cuando apareció en la bandeja de entrada me propinó una veleidosa sonrisa en el alma. Casi me da rabia cómo se mete en mi ánimo. “Esta no es una amiga, pensé, es un amor ventoso.” Como amigos, hemos perdido lo que se llora en las graduaciones del bachillerato: el permiso. Hay un halo de perversa intimidad entre dos amigos que no necesitan pedirse permiso para llegar a la casa del otro a cualquier hora. Aquellos que no requieren una hoja sellada por triplicado para aventarse palomitas en una sala de cine o para hacerse reír hasta quedar enfermos del estómago. No hablo de sexo, ni de pasión, ni de un pueril crush en la otra persona. Sucede con dos o tres personas en tu vida. No más. Y la vida no se anda fijando si esta persona es hombre, mujer o quimera. El caso es que fui a la exposición. Tomé unas cervezas con mi amiga y su novio. Hablamos. Su novio la miraba con sus ojos de “te comprendo, tómate tu tiempo” y yo se lo agradecí como nunca. La noche hubiera sido perfecta de no habernos encontrado a la pobre alcohólica con la que solía acostarme. En fin, la alcohólica se fue, pero mi recuerdo de “mi Princess” realizando un último viaje a la playa hace exactamente cuatro años, ese empezó a doler.

***

Era julio. Nunca recuerdo las fechas de los días con un sólo dígito. Para mi es casi lo mismo dos que cuatro que siete que nueve. Pero era el mes de marzo y era 2004. El año nuevo me había pasado encima (tenía el corazón apenas detenido por un par de clavitos y un poco de plastilina epóxica) y en esa época lo único que me hacía feliz era oír música y ver películas en una VHS vieja con “mi Princess”. Un buen día me avisó que se iba a vivir a Palma y nos pusimos contentos porque ahora íbamos a ver las películas de los 60’s en un lugar paradisiaco y no húmedo como su cuarto. Así de bobos éramos. Le ayude con la mudanza. Fue durante las elecciones en las que Zapatero ganó. Un poco antes de tomar el camino al puerto, pasamos por la casa de lelque pronto pasaría al terreno de los exes. Era un tipo delgado, con ojos como de perrito de peluche. Era muy gracioso, pero era muy escandaloso y (como la mayoría de sus novios) ya empezaba a molestarse por mi amistad con ella. El perrito de peluche tendrá ahora sus años y me intriga saber por quién votó este año, pero esas elecciones, él había votado por Rajoy. Argumentaba el voto útil, la capacidad de Rajoy, su simpatía (sic) y su sinceridad (sic sic sickness). Ay perrito de peluche, cuántos conceptos habrás repensado en estos años. Después de dos o tres discusiones de supuestos adultos y supuestos pensantes, “mi Princess” se hizo a la mar. Ella me decia “pase lo que pase, este día es histórico”. Yo asentía, aunque no sé si nos referíamos a la misma clase de historicismo. Escuchamos en la radio que el PSOE había ganado: “Que guay, no mas PP”, me dijo. “Se terminaron muchas cosas, Princess. Muchas cosas cambiaran”. Me tomó de la mano que apagaba un cigarro y nos quedamos muy callados hasta llegar a nuestro destino.

***
Ayer que nos despedíamos, mi adorada amiga me dijo:
“Tengo miedo, otra vez tengo miedo de lo que pase después”.
“Yo también, mi Princess. Yo también”.

Freud

Tras preguntas y preguntas sobre distintos temas de la mente, he concluido que la única verdad del psicoanálisis es esta: Las Nuevas Aventuras de Sigmund Freud.






Viaje

Tome un vuelo charter en un DC-10 a Londres, aterrice en el aeropuerto de Heathrow. Tome un taxi al centro de la ciudad. No dejes que la gente te engañe, los hostales no es para gente como nosotros. Me hospede en The Home House, el mas bello hotel en Londres. Le llame a una Gaby, amiga de la universidad que vendía hash, no estaba. Conocí a una pareja de ingleses que me enseñaron todos los rinconces de Camden. Recorrí la Virgin Megastore, compre unos CD's, seguí a unas tipas con el cabello rosa. Vague un poco tratando de tener sexo antes de que lloviera, regrese a The Home House. El Ministry of Sound estaba muerto, así que fui al Rem Forum, pero era la noche gay. Encontré una buga y casi lo hicimos en la pista de baile. Fuimos en taxi a mi hotel. Le arranque la ropa, le bese los pies y después lo hicimos. Salimos unos tres o cuatro días. Gracias a ella, conoci al mejor DJ del mundo, Paul Oakenfold. Sigo perdiéndome el cambio de guardia. Le escribí a mi familia una postal que nunca envié, compre speed de un junkie italiano que quería venderme una bicicleta robada. Fume mucho hash con demasiado tabaco. Vomite varias veces. Vi la galería Tate, Vi el Big Ben. Me harte de comida exótica inglesa. Llovió demasiado. Londres es muy caro. Vuelo a Ámsterdam. Casi todos los Holandeses saben ingles, así que no es necesario que hable en holandés, eso es un alivio. Cruce el distrito rojo, visite un Sex Show, Visite el Sex Museum. De nuevo, fume demasiado hash, muy fuerte. Conocí rubia que decia ser una actriz Holandesa, tomamos absenta en un lugar llamado Absinthe. Son fabulosos los museos. Muchas intensidades pictóricas de Van Gogh y Vermeer. Vague un rato. Compre panques y comí waffles gigantescos. Compre unos gramos de coca y regrese al distrito rojo. Encontré a una pelirroja de grandes senos que me recordó a Ana. Le di 100 euros y me llevo a una habitación cercana. Queria eyacular en sus senos, hasta que me di cuenta que tenia el condón puesto. Charlamos un rato sobre el SIDA, su "jefe" marroquí, ella y yo. Desperté por el canto de un loco en la calle. Se lo llevo la policía. Son las ocho de la mañana y estoy hirviendo. Pretendí patinar en el hielo alrededor de la Estación Central. Conocí a una Islandesa que me ayudo a reacomodar mi maleta. Volé a Paris. Camine por Champs Elysees, subí la torre Eyffel por solo 12 euros. La maquina de tickets del acceso norte estaba siendo arreglada. Encontré un mapa del metro. Impresiona, te lleva a todos lados. Fui a una fiesta de automóviles Ford. Charle con una modelo llamada Katerina. Me hizo el sexo oral en el Marriot, sabe lo que hace. Me impresiono que en su bolso llevara el libro de Asi Hablo Saratuztra. Hablamos de eso mientras se lavaba los dientes. Jugué billar en la sala de juegos del hotel. Fui de compras. Creo que me contagió el Mono. Me sibi a un Ferrari propiedad de la familia real de Arabia Saudita. En el baño de un bar cerca del Louvre, una húngara que me presento Hanni, me masturbó. Creo que tenia los ojos color miel. Vi el amanecer en el Arc de Triomphe. Casi me atropella un Volvo. "Oakie" me invito a Dublín. Tome un vuelo de Air Lingus, me hospede en el Morrison. Dublín es un paraíso inimaginable. Oakenfold me deja estar junto a el mientras esta pinchando. Las irlandesas son pequeñas como duendes. Conocí a una irlandesa borracha, para variar, que me tocaba muy seguido el culo y me llamaba Mr MX. Se desnudo para mi en el baño del club. Fuimos a la Guiness Factory y me robe varios vasos de cerveza tan buena que me excite. Volé a Barcelona la mañana siguiente, no quise llegar a la casa, quise tener una vida de turista, me quede en el Arts, es mas lo que dicen de el que lo que realmente es. En Barcelona hay demasiadas estudiantes norteamericanas gordas y borrachas. Tome acido en la Sagrada Familia, ha sido uno de los mejores viajes que he tenido. Fui al Museo Gala Dalí. No tenia mas acido, una mierda. Una conocida de Canadá me hablo a mi teléfono y le deje oír las campanadazas de la iglesia. Santa Cruz es bonito, pero no hay mujeres jóvenes, solo viejos hippies. Así que me fui a Suiza donde, irónicamente, no encontré a nadie que me diera la hora. Tome el Glacier Express a Shiltone, hermosa hasta dejar sin palabras. Europass a Italia, acabe en Venecia. Encontré a una chica que se parecía a Rachel Leigh Cook, y hablaba mejor español que yo. Lleva viviendo un año con solo 5 euros por día. Viajamos en góndola. Fue algo incomodo. Me llama capitalista por que mi habitación cuesta mas -por una noche- que todo su viaje. No le importa que yo pague las cuentas. La deje después de esa noche y me fui con una pareja que quería un trio. Hubo demasiada tensión en el viaje a Roma. El trafico es terrible. Nos detuvo por horas. La esposa esta loca y el esposo se me insinuó a cada momento. Me recordó a alguna de las películas de Polanski. Paramos en Florencia donde vi el Duomo. Hubo una alarma de bomba. Falsa por supuesto. Perdí a la extraña pareja, creo que fue lo mejor. Acabe en Roma que es grande, caliente y sucia. Como Los Ángeles pero con ruinas. Fui al Vaticano. Ridículamente opulento. Me lastime el cuello por ver durante dos horas la Capilla Sixtina y, ahora que la limpiaron, parece una imitación barata. Conocí a dos italianas menores de edad que convencí que se besaran mientras yo me masturbaba viéndolas. Después me invitaron a una fiesta. Aburrida. Mi hotel tiene un gimnasio, me ejercite un poco. Me tope con un tipo que juraba que me conocía. Mentira. Lo tuve que empujar para que se fuera. Quise aprender a eructar pero me cague en los pantalones. Mientras me masturbaba en mi habitación sentí un dolor en los testículos. Soñé con una hermosa mujer en el agua, acariciando todo su cuerpo. Me preguntaba si le gustaba y yo respondí que podría limpiar pescado con su sostén. No se que quise decir con eso pero desperté descansado. Me masturbe de nuevo en la ducha, pedí la cuenta y salí del hotel. Viajé de regreso a Londres caminé por Picadilly Circus. Intercambie playeras con una estudiante de Cambridge. Por solo ver su bra lila de La Perla perdí mi playera Versace. Quiso aparentar recato pero es una calienta hombres. El siguiente día compre acido y me perdí todo el día en el metro. No encontraba ninguna salida. Encontré a una irlandesa con cara de ángel que accedió a que cada quien se masturbara viendo al otro, con la única condición de que no manchara su abrigo Paul Smith. Después fumamos hash mientras oíamos a Michael Jackson. La siguiente mañana desperté habando conmigo mismo. Tenia un golpe en la cabeza por quedarme dormido mientras lo hacíamos en el baño. Tome mis cosas y apenas llegue para mi vuelo de vuelta a Barcelona. Ya no se quien soy. Me siento como el fantasma de otra persona totalmente desconocida para mi. Así, acabe aquí de regreso a la casa. Dándome cuenta que no podré quitarme de la cabeza tu sonrisa ni tu perfume. Sabiendo de que no existo sin ti.

sábado, 18 de octubre de 2008

Resaca

- Resaca tradicional: Cuando uno se excede en el consumo del alcohol.

- Resaca de cigarro: Cuando uno se excede en el consumo de tabaco. A menudo se presenta combinada con la resaca tradicional

- Resaca de diarrea: Cuando uno se excede en la expulsión de excremento en forma líquida. Los síntomas son muy similares a los de la resaca tradicional.

- Resaca de rock: Cuando uno se excede a la hora de rockear. Síntomas: cuerpo cortado, dolor de cuello (por headbanging) y penetrante olor a orina (rociada por otros individuos durante la sesión rockística).

- Resaca Moral. Cuando uno se excede en la ingesta de moras.

- Resaca de Escribir. Cuando uno no modera su manera de escribir. Dolor de cabeza, náuseas e irritación a la luz.

- Resaca de Nerds. Ocurre por prolongados duelos de Magic: The Gathering y discusiones sobre los subtextos gays en la nueva película de Superman.

- Resaca de Postdialéctica Marxista. Cuando uno se excede en su manera de usar el deconstructivismo textual para atacar el status quo y contextualizar al sujeto en la realidad como paradoja.

Madurar

Llega un momento en tu vida cuando te das cuenta que ya eres demasiado viejo para usar la Warp Zone y que debes acabar Super Mario Bros mundo por mundo. Es entonces cuando te das cuenta que ya no eres un niño, si no todo un Hombre.

martes, 7 de octubre de 2008

Lucha

No puede haber mejor momento que este,,,,, German, OCTAGON y yo.... Ahora si me puedo morir

Exceso

7:30 am, suena la alarma, despiertas, todo vuelve a empezar. Los días a veces parecen repetirse, incluso el dolor en la boca del estómago es algo natural, ya no digamos las náuseas que te produce la acidez con la que amaneciste y el hecho de que tienes que trabajar mientras bostezas.
Tuviste que mentirle a unos amigos el fin de semana para no asustarlos con eso de la sangre y el estomago, pero la idea está rondando por tu cabeza, incluso piensas en dejar de tomar, pero enseguida descartas la idea. Mejor intentas correr para sentirte más sano, pero no sirve de mucho, frente al espejo sigues estando igual, tú y el dolor. Te bañas, te pones lo mismo de siempre y caminas al café de la esquina, ahí te espera el periódico y los muertos de la portada del día: "5 ejecutados". Al principio te perturbaban las imágenes diarias de asesinados y accidentes, ahora automaticamente te saltas las hojas para leer las criticas de cine. Ojalá ya sea fin de semana, piensas... aunque eso también involucra volver a empezar. Recuerdas el ultimo fin de semana. Recuerdas que despiertas, recuerdas que no sabes dónde estás. Un cuarto, unas sábanas blancas (o casi blancas), la luz de las claraboyas, música a lo lejos, la cabeza que está a punto de estallar. No hay nada. A base de intentarlo empiezas a recordar. Primero sólo tienes datos muy generales, tu nombre, ¿dónde está mi cartera y mi teléfono?, -ahí están, en el pantalón, el dolor en las rodillas es por caminar toda la noche, ayer fue viernes, hoy debe ser sábado. El confort de tomarse una cerveza, o varias, la calle, los ojos perdidos, el teléfono que se dice muerto, un gato que maulla, la loca que te pinta dedo. Las risas, las palabras, andar por andar. Mi destino cambia a cada paso, ¿la cerveza sigue ahí?, ¿¡Tu!? ... El mazo en la cabeza, llaman a la puerta. Los ojos cerrados. Aliento desagradable, el dolor, el placer de olvidar, y olvidar con placer. Despiertas y no sabes dónde estás. Solo recuerdas lo que escribiste en la arena:
Cervezas en la oscuridad de la noche, llenas de música, llenas de cerveza... solitarias, llenas de conversaciones inacabadas, pero al fin y al cabo... cervezas nocturnas.

Ultimamente te veo a diario pero no te escribo, no como quisiera.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Sugerencias

Tengo varias ideas para un post. ¿Cuál prefieren?
- Borradores para mi nota de suicidio. (Es que me gusta estar preparado)
- Típico post nostálgico. (Sería más o menos así: "¿Alguien se acuerda de la caricatura de "Los Globetrotters" y luego todos dirían que sí y cuál era su personaje favorito y cuál les despertaba un interés sexual y luego todos suspiraríamos, añorantes, aún cuando en el fondo todos sabríamos que la serie era una mierda -pero nadie lo diría-).
- Típico post dedicado a algún personaje recién fallecido (Terminaría así: "Es difícil saber qué es lo que voy a extrañar más de aquel politico, quizá sus grandes discursos, que nunca más oiré... En cambio, aquella vecina mia no extrañara tanto todas las noches en las que abuso repetidamente de ella...")
- Imágenes de mi última endoscopía. (En glorioso Technicolor!)
- Una lista de los libros que estoy leyendo ("Estacion Tula" y "La novia oscura"(ups, ya los dije))
- Una lista de los últimos discos que he comprado (y con "comprado" quiero decir "bajados de e-mule")
- Post en el que me quejo de algo (candidatos: el clima, el sistema de producción agrícola de la América del siglo XVIII y el jabon Dove).
- Sugerencias acerca de la religion. A las monjas: ¿de verdad necesario que usen vestidos todo el tiempo? ¿No pueden ser minifaldas?; ¿Saben cuál es el problema con la Iglesia en estos días? No hay suficientes quemas de herejes; Debemos cambiarle el nombre al Vaticano. Suena como guarida de Batman, ¿no? ¿Qué tal Papalandia?

domingo, 31 de agosto de 2008

Bravo

Sucedió en el vuelo 978 de Swiss Air, partiendo de Barcelona hacia Zurich, destino final: Berlin. El clima ya había sido pronosticado como cielos medio nublados con alta probabilidad de lluvia y una humedad del ochenta por ciento. Rodeado de viejitos temerosos, pero aferrados a no perder su boarding pass, comía un helado (no sabia que daban helados en los vuelos, yo estaba acostumbrado a cacahuates y una que otra galleta) y miraba por la ventanilla, tratando de mirar tras las nubes. Los aviones son el medio de transporte más seguro en el planeta. Para acabar con mi optimismo, unos dias antes decidí leer Falling Man de Don DeLillo, novela inverosímil de dos aviones que chocan contra dos torres idénticas en algún país lejano. La reflexión newtoniana de los suicidas que saltan de los hipotéticos edificios en llamas me pareció muy anticuada y, al mismo tiempo, verdadera. Los dedos de la vecina de asiento sujetaban con rabia el descansabrazos. El piloto voceó el aviso del descenso turbulento en un alemán ininteligible. Podía escuchar el crujir de dientes de la pobre señora. El avión golpeó la pista como si se tratara de una pelota de playa en la arena. Rebotó y volvió a caer, chillaron los frenos que buscaban sujetarse al suelo mojado. El piloto viró hacia un lado y luego al otro, intentando prolongar una pista que se corta antes de tiempo. La inercia nos mantenía en plácida prensa contra el respaldo hasta el momento en que fuimos liberados, y el silencio de las llantas nos sacudió y dejamos de movernos. Las personas comenzaron a aplaudir. ¿Qué aplaudían? El hecho de estar vivos, quizá. La habilidad del piloto, tal vez. ¿O era una expresión de sarcasmo, ahora mismo, ante la cercana muerte que habíamos esquivado en zig-zag? No lo sé. Lo pensé en silencio mientras oía sus palmas y decidí que aquello lo merecía. Me levanté del asiento. La ovación tenía que ser de pie.

Como sobreviví a la ciudad de México todos esos años.

“...all those moments will be lost in time, like tears... in rain.
Time to die…”
BLADE RUNNER


Un plato de Guayabas, rebanadas de pan Bimbo, mermelada de apio, una milanesa, papas fritas, una ventana con vista a la ciudad, un cuadro de Picasso colgado enfrente de la mesa y un mantel. Nunca importo el material, siempre había un mantel. Comía la carne, daba bocados finos que degustaban los matices que entraban en mi boca. Tomaba una rebanada de pan, la embadurnaba con mermelada y veía los edificios y las antenas, mientras daba sorbos a una taza de café. Cuando fumaba, encendía un cigarrillo al momento que los detalles del cuadro de Pablo (recuerdo que era Guernica) saltaban a los ojos. Con el estómago repleto, reflexionaba en las historias que, como aun lo hacen, flotaban en mi cabeza. Las retenía, intentaba no las dejarlas escapar. Las imágenes son entes volubles que huyen a la menor provocación del aire. Salía y daba un paseo de 3 horas por las calles del centro de México. Nunca cerré mis oídos al barullo de la gente, siempre pensé que podría utilizar sus palabras en el momento final. Sentía las pulsaciones de cada rincón de las banquetas, envolvía mis dedos de los pies en el canto de los grillos. La basura y la mierda no son necesariamente algo malo. Regresaba a casa; me fumaba otro tabaco, me sentaba y me ponía cómodo. Traía todo lo que había observado directo a mis manos: El microbúsero folclórico, las Marías con peinados punks, los cuerpos endebles de los indigentes que lucran con el antiguo melodrama, los niños flacos con su mona, las señoras de compras en el Palacio, las cortinas metálicas de los negocios quebrados, los charcos con gotas de gasolina, la llovizna y los adoquines húmedos de los templos, el recuerdo del amor perdido que vaga en las sombras de Bellas Artes y se fuga después al mural de la Alameda, las viandas que inflamaron su vientre. Los revolvía, apretaba el estomago e intentaba vomitar. Cuando lo lograba, tomaba el mantel de la cocina y me limpiaba con él. Abría algún cuaderno, escribía vomitándolo todo por segunda ocasión. No desperdiciaba ni una gota. Vomitaba. Vomitaba. Pasaba un trapo de tijeras encima del reguero, corregía las imperfecciones. Utilizaba mis habilidades retóricas para fabricar un diamante con la peste. Generalmente sostenía un cuento; sin embargo, para completar el acto de creación, tomaba nuevamente el mantel, le sacaba la lengua a la ciudad y acto seguido, me dirigía a la azotea y saltaba. Despreocupado. Todas las cosas que hice en la vida, eran de utilidad. El tiempo para llegar al suelo era aprovechado -como decía un piloto llamado Cortázar- verticalmente. Si algún aficionado a los video-home, lo grababa, el mundo era testigo de mi astucia para morir en el cuento. Me moría, igual que los mejores homicidas de lectores, de un sólo, de un único golpe, que en realidad fue preparado con cientos de pequeños golpes, invisibles a las pupilas. En momentos giraba, daba volteretas internas-externas, la acción es imprescindible. Una vez me intente aferrar de una cornisa, pero perdí tres dedos, el suspenso hacia que no se viera un suicidio lleno de lugares comunes. El lenguaje se elevaba a los sembradíos del Popocatepetl, los adjetivos alcanzaban puntos Imeca, cuando pronunciaba frases contundentes. Si lograba la claridad del petróleo y el tono del canto de los Huaraches, tenia un grupo numeroso de agradecidos fanáticos. Pero siempre, lo mas importante era el ambiente; no es lo mismo planear en atardeceres bicolores, que en tormentas de granizo, lluvias de truchas, arcoiris o bombas libres de pecado. Siempre escogía un clima interesante para aplastar mi cabeza. El clima que empape la sangre y las letras, debía ser inmejorable. Seguía esos pasos cada que me era posible. Los suicidas se empeñan en volar cada minuto de su vida.

martes, 19 de agosto de 2008

Instantes

A veces sucede que todo aquello que importaba deja de importar. Se desvanece de golpe el gran amor, la gran pasión, el trabajo arduo y nos encontramos sorprendidos, nos hallamos de pie o sentados o dentro de la cama o en medio de una oficina que antes familiar, ahora es desconocida, de una mujer que antes amada, ahora indiferente, de una pared antes memorizada, ahora poco interesante. Y el extrañamiento llega de golpe. Nos expulsa a otros lugares donde tenemos que encontrarnos. A veces nos volvemos de otro mundo en un abrir y cerrar de ojos.
Pero, afortunadamente, existe su opuesto. A veces cierro los ojos y al instante todo se despeja. Es tan solo un breve momento donde las cosas se ordenan en el silencio y siento que pierdo la proporción con lo que me rodea; y solo vale esa sensación primordial del pensamiento. Y el pensamiento, la idea, punza como un puñal nuevo, pero también se extiende, como el velo que cubre el rostro de una bailarina. Así, a veces pienso con los ojos cerrados y la razón incendia desde su origen de llama para ver en sí, el verdadero valor de las cosas. La medida exacta de un sentimiento, de una ilusión, de una caricia, la importancia de la distancia y del tiempo queda al fondo, con lo inanimado. No hay rumor. No hay ruido. Es un breve instante donde todo cambia de la oscuridad y silencio a la luz; deslumbra. Es un breve instante donde, aunque soy, no estas. Pero, aunque imagino, solo puedo caminar por las calles con un viento sin compasión, comprar un café y reconocer que ni la bebida tiene el mismo sabor, buscar un lugar en donde estar para leer o reposar los pensamientos y reconocer con enorme tristeza que no hay rincón tranquilo en esta cuidad. Subirte a la bicicleta para ir a tu trabajo, para llegar a una oficina de historias grises y gente más gris, aferrarte cada vez más a ella, creer en un ser que es devorado por la distancia y por sus calles mojadas. Ella dice que le reina la confusión y que quiere certezas. La vida es tener ganas de leerle un texto, llamarle casi con los párpados cerrados por el sueño y saber que esta ahí pero no te contestará, eso es la vida, la no-certeza, una lluvia, ruidos, asfaltos mojados, sabores que se recuerdan, abandonos, soledades que se contentan a sí mismas, amores sin certezas, lecturas a la nada.
Desde hace tiempo, siempre que escribo, existe el fantasma de ella. Llevaba meses teniendo el inconveniente de no existir más que como un fantasma que solo yo veía, pero en ese entonces eso no importaba, porque estaba invocándola, dándole forma, afinando mis sentidos para comunicarme. A ella empecé a escribirle. Por ella comenzó esta furia. Hablaba continuamente de ella —de manera velada, en clave a veces— y, cuando aparecía alguien que pudiera parecérsele, me conmocionaba. Pero pronto se desvanecía la ilusión: no era.
Una vez la vi en este mundo de mortales. O eso me pareció. Pasó como una tormenta tan veloz que no pude cerciorarme. Se deshizo en el aire: es posible que ni siquiera exista.
Un día voy a hallarla y será como un milagro: la veo abstraída, leyendo algo que escribí —para ella.

viernes, 15 de agosto de 2008

Murmullos

Recorriendo las calles de Barcelona me di a la tarea de recopilar algunas de las frases más alagadoras jamás pronunciadas alrededor de mi. Como veran, y aunque haya caído en desgracia en la opinión mía, que es la única que cuenta, en realidad, sigo siendo el más grande, el más imbécil, el más audaz y el más singular ser QUE JAMÁS HAYA EXISTIDO

Aquí estan:

“¡Hostia, eres más malo de lo que me pensaba!” — MG, escritora

“Me gustan sus ojos; lo demás no vale nada.”— Una adolescente macarra en un chiringuito playero

“Pero tú no eres así; y C tampoco.”— MM, mujer extraordinaria

"Un hombre guapísimo y extraordinario" — Presentadora de TV (y no estoy seguro de que estuviese hablando de mí, solo la escuche al tomar un cafe)

"Otra cosa: me estoy leyendo tus historiasy son divertidisimas. ¿Realmente te han pasado a ti? Si es así, quiero estar en la proxima" — la Sueca, Diseñadora Grafica y camarera de vocacion (Y no pienso prestarle dinero de nuevo)

“En efecto, es usted todo un héroe.” — Portera de mi palacete. Cuando, tras amanecer con una terrible resaca e ir por una coca-cola, me di cuenta que habia olvidado las llaves de mi casa.

“¡Será mamón este tío!” — Vigilante de un parque.

“Finísima persona, lástima que tenga ese carácter.” — MB, arquitecta exiliada en su propio mundo.

“¡Apártate, imbécil!” — Conductor anónimo

"A ver si te quedas quieto de una vez" RN, pseudopintor de obras inacabadas (me debe dos libros)

martes, 12 de agosto de 2008

Salud

Este barco vuelve a navegar por ríos conocidos. Han pasado apenas unas horas desde que un teléfono depositó en las manos de Ella un cuerpo maltrecho y una mente cansada. No es lo mismo vivir en un lugar distinto sólo por placer. No es lo mismo viajar sólo por trabajo. Trato de absorber los pocos tiempos que me deja lo segundo para deleitarme con lo primero. Ansia de ver. Ansia de oler. Pero al final, la falta de minutos de respiro se deja notar. México ha pasado como una exhalación. Pero el cuerpo ha respondido de manera cansina. La mente estaba en otra cosa. En Ella. Tiempos difíciles en los que solamente quieres estar con los que quieres. Pero estás lejos, a miles de kilómetros. Y aún así, has encontrado huecos para mojarte en el Zócalo, para empaparte de sonidos rancheros, para mancharte las manos con tacos y quesadillas, para escuchar el caos, para sentir el pulso, para disfrutar los colores. Porque México es color.
Y el cuerpo se revelaba. Irascible. De mal humor. De malos humos. Y el México que yo creía se me ha escapado como una exhalación. Aunque sé que me espera. Para otra visita. Para otro abrazo. Llegas y te abrazas a Ella. Y le susurras que todo va a salir bien. Porque es lo único que quieres. Porque tienes la certeza de que va a salir bien. Y poco a poco te vas haciendo a la nueva realidad, que era la tuya, pero habías dejado estancada. Y sabes que hay gente que ya no está.
Odiado y amado. Yo ya no estoy. Me he ido con mis guitarras a otra parte, donde seguro seguire armando bulla, seguire siendo odiado y amado. Berlin queda cojo. Londres queda cojo. Barcelona queda coja.
No puedo decir que me conocían. Pero siempre me saludaban Me llamaban por mi diminutivo. Ella me decia simplemente "G". Pero volver a El Eixample y no encontrarle va a ser raro. Va a
ser triste. Le mezclo con mis cosas. Con mis viajes. Con Ella. Pero así quiero que sea. Porque soy consciente que al final también formaba parte de lo mío, de mi música, de una parte de lo vivido.
Odiada y amada. Discutida. Pero recordada. Y fue casi al final, pero dio tiempo a saborear un tequila en tu honor.

jueves, 10 de julio de 2008

El

Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.

Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

"Algo sobre la muerte del mayor Sabines"
Jaime Sabines

Nunca he querido que lleguen los idas 19 de cada mes. No deberían de existir. Pero para continuar con el transcurso del tiempo debe haber doce 19's en el año. No hay 20 sin 19.
Maldita sea...
Quisiera haber hecho más cosas, hablar más contigo, jugar mas, enseñarnos mas cosas de la vida, buscarte mas. Preocuparme mas por ti, brindar por tu primera vez, consolarte con tu primer desamor, ver tu primera película (el cine te llamaba a gritos), ayudarte a escoger el primer ramo de flores que regalarías, en vez de escogerlo para tu funeral. Quisiera haber hecho más cosas... muchas más. Pero sé que no te quedaste con ganas de nada, viviste al máximo, fuiste feliz mucho tiempo, a tu manera. Hasta tu muerte fue como tu: algo dramático y sorpresivo...
Últimamente me has hecho mucha falta. Te extraño.

Dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
Dice que tiene miedo de la muerte del amor
Dice que el amor es muerte es miedo
Dice que la muerte es miedo es amor
Dice que no sabe

Poema nº 20 de “Árbol de Diana”
Alejandra Pizarnik

domingo, 29 de junio de 2008

Verdad

"Para el mexicano, la vida es la posibilidad de chingar o de ser chingado"

El Laberinto de la Soledad (Capitulo IV), Octavio Paz (Premio nobel literatura 1990).

sábado, 28 de junio de 2008

Risa

Deberíamos leer cuando estamos hambrientos. Relegar la hora de la comida unos cuarenta y cinco minutos sin ninguna distracción, hasta exasperarnos. Con el estomago vacío se es capaz, al menos yo, de odiar a toda la raza humana. Sólo así, con un humor de perros, me doy cuenta de que la poesía es absolutamente necesaria y no otra manifestación del desocupado. Cuando soy un animal hambriento, lanzo objetos al piso, no contesto el teléfono y el timbre de la casa se convierte en un histérico gendarme. Pero sólo en ese estado es posible admirar la blancura de esta diosa de Gabriel Zaid:

NACIMIENTO DE VENUS
Así surges del agua,
clarísima,
y tus largos cabellos son del mar todavía,
y los vientos te empujan, las olas te conducen,
como el amanecer, por olas, serenísima.
Así llegas de pronto, como el amanecer,
y renace, en la playa, el misterio del día.

Así, los reencuentros continúan y también la poesía momentánea:
-En cuanto la vi supe que estaba enamorado, perdidamente enamorado.
Me confeso con un amigo. Hace tiempo que no decía las cosas tan directas. Sabía la historia, fue un amor con final amargo, como casi todos.
-¿Estaba muy buena?- pregunté, tratando de saber el tamaño y forma de la piedra que le había pegado. -o de aquellas tipicas que encuentras que tienen todo tu tipo, una sonrisa inolvidable, muy lista, muy simpática, miradas eternas, ¿qué fue?- insistí.
-Se parecía mucho a mi ausencia- me contestó.
No tuvo que explicar más. Nos quedamos allí sin saber que añadir a la conversación. Coincidimos en que estar loco por alguien es algo fuera de este mundo. Algo profundo, sórdido y un poco enfermo. Puedes ofrecer muchas explicaciones, pero el detonante (lo sabes cuando todo terminó) pudo ser un simple tronar de saliva cuando pronunció tu nombre, el movimiento de su cabello, que te olió al jabón de tu niñez, que se iba, que fue la primera y única vez que cenaste con ella, y que ahora le quieres decir mil cosas y aunque este del otro lado del mundo, no puedes hacerlo. Para mi fue una risa, la escuche en su cumpleaños. Ese momento, no voy a olvidarlo nunca.

viernes, 27 de junio de 2008

Goooool

Antes que nada debo decirles que este espacio al cual ustedes hacen el favor de visitar, funciona de la misma manera en que funciona un tabledance, puticlub, striptease, etc: mientras mas aplausos menos ropa o lo que es lo mismo, si no me comentan nada sobre lo leído, no hago mi gracia. No cuanto las aventuras de este pequeño ser. Caray, a lo que se tiene que llegar para que le hagan caso a uno. Este post ha nacido de la combinación de temas tratados en la noche de ayer. Mientras que algunos celebraban el pase de la selecciones española a la final de la Eurocopa, otros comentábamos sobre psicología. Eso aderezado con unos canapés, alcohol, arquitectura y calor, mucho calor. Empecemos: Tras haber leído el libro de Eduardo H. Galeano: El fútbol a sol y sombra (ya se que debo ocupar mi tiempo leyendo otro tipo de literatura, pero en ese preciso momento tenia que decidir entre Galeano y la revista Hola) En fin, el libro dice que el fútbol es de todos, el fútbol nos une y nos separa, nos rompe, nos desquebraja, nos hace tocar las estrellas o simplemente nos tira al piso y nos da de patadas. El fútbol, es la llave del mundo (le ha ganado a la Coca cola, a la American Express y a cualquier otra religión) ¿de que hablan el patrón y el obrero? ¡De fútbol!, ¿De que habla el padre en misa los domingos? ¡De fútbol!, ¿Cual es el pan y el circo de este la mayoría de los países y que se vive con mas intensidad en España desde hace unos días? ¡El fútbol! Todos sabemos de fútbol, aun los intelectuales, dentro de su extraño mundo, saben y ven el fútbol. Pero ¿porque? pero ¿de donde viene esto? datos científicos han comprobado que la popularidad del fútbol, proviene de la facilidad y lo básico del juego, sus reglas son claras y se puede jugar solamente con una pelota y no mas. Cualquiera puede entenderlo, su ritmo es pausado pero no lento, y prácticamente cualquiera con un par de neuronas podría jugarlo. Esto, nos lleva a experimentar la pasión del juego de una manera mucho más vivencial. El meter o fallar un gol no necesita de habilidades de supeheroe, cualquiera pude ponerse en los zapatos de esos gladiadores en pantaloncillos cortos –llamados jugadores de fútbol–. Siendo así que el jugador y el espectador viven de una manera muy similar el juego y podría decirse que son prácticamente uno. Pero he aquí el punto central de mi tesis, basado en algunos datos científicos de los que yo ya he hablado con anterioridad, y sabiendo que el jugador y el espectador viven la experiencia de un juego de manera similar, expongo que:
Se ha comprobado que la emoción que surge de anotar un gol o que tu equipo anote un gol es en un grado sumamente similar al orgasmo. Cuando se anota un gol, los niveles de endorfinas y adrenalina suben a puntos que solamente pueden ser comparados a un orgasmo. El tiempo de emoción de un gol es de unos cuantos segundos, como el orgasmo. El ritmo y las secuencias de emociones y sensaciones suben poco a poco, llega a un punto máximo y se pierde para regresar a su estado original, como el orgasmo. Hay goles rápidos, esperados, feos, tontos, o a veces hay golazos donde se muestra la maestría, la técnica o simplemente la suerte para estar en el momento y el lugar preciso, como el orgasmo.
Ahora, en el sexo, el hombre después de tener un orgasmo, necesita unos minutos para que pueda llegar al siguiente y esos minutos casi nunca son pocos. Mientras que el cuerpo de la mujer esta diseñado para tener, en el mejor de los casos, un orgasmo y otro sin tener que para en ningún momento. Ahora, basado en estos hechos el punto central de mi tesis es el siguiente: El fútbol, es un invento del hombre, para el hombre, para compensar el hecho de que las mujeres tengan orgasmos múltiples.
(Querido lector: es este momento puede hacer una pausa en su lectura para aplaudir o en su defecto gritar, vitorear o simplemente hacer una pequeña seña que diga “este hombre es un crack). Así que como conclusión llegamos a que, en el sexo o en el fútbol, siempre sale más contento el que metió más goles. Y creo fervientemente que debería pasar en el sexo como en el fútbol, cada 4 años un “todos contra todos” a nivel mundial, ya que también existen finales de copa del mundo o simples partidos amistosos.

martes, 13 de mayo de 2008

Aderezo

Hace tiempo me dijeron que mi tío -El Tío- no le gustaba la crema (o nata, según el país en donde se encuentre el lector de este blog). La odia y no hay manera de hacerle comer nada que tenga ese aderezo. Muerde un sándwich y se retuerce de asco. Se retuerce, después escupe y supongo que después -en su mente- mentaba la madre. ¡Un sándwich! El plato más neutral que conozco. Me da gusto saber que hay gente con ese tipo de principios. Yo nunca he logrado odiar algo con tal intensidad. Mi tío ha sido una parte muy importante de lo que ahora soy y por eso me dio un gusto enorme escucharlo hace diez días, cuando le llame para su cumpleaños. Sinceramente la celebración de esos días “especiales” nunca me ha importado mucho, cumpleaños, navidad, aniversario, día de los enamorados, día de la tierra, día de la mujer, día del trabajo, día de los muertos, día de la independencia, día de la madre, día de los santos inocentes, día del profesor, día del internet y así hasta llenar el calendario. Si todos los días se celebra algo, entonces todos los días son iguales, entonces ninguno es especial. Tiene una lógica, ¿no? Sin embargo los días toman el adjetivo de “especial” cuando pasa algo imprevisto. Ganarse la lotería, salvar la vida o, como fue en mi caso, recibir una felicitación atrasada. Y al leerla, aquella pequeña parte de mi mente que guarda los cerebros, abrió la puerta y me mostró al película: comenzó con una música de fondo, creí reconocer a Louis Armstrong. La imagen comenzó a aparecer y todo fluyo: se fue hace unos meses. Fue muy corto el tiempo en el que pudimos conversar. La conocí tarde. Yo no estaba consciente y ella no esperó. Para cuando regrese a este mundo era —otra vez— tarde; ya no estaba. Por fin se había ido. No va a saber nunca lo que quise decirle. Porque hay cosas que solo se pueden decir acompañada con la mirada. No sabre su respuesta. No nos dejamos derecho de réplica. Eso me enojó durante algún tiempo. Quizá fue esa la razón por la que cada vez me costó más trabajo recordar su rostro. O tal vez fue sólo que no conservé ninguna foto suya. Hace tiempo descubrí un gran parecido con alguien desconocido. De pronto la vi: un cierto ángulo, la luz tenue sobre el rostro... y tuve un recuerdo en el que reconocí su perfil, sus cejas, su nariz y sus labios discretos, tímidos. Por momentos me pareció que hasta en su mirada había resquicios de mi recuerdo bloqueado. Le basta ser intensa para que yo pueda imaginarla nostálgica, ardorosa, con esporádicos brillos de rabia y la serenidad pesada de quien, a pesar de sus melancólicas cavilaciones y de no alcanzar a entender, tenía una certeza. Ahora sé que era la de su ida. El impacto de esta memoria ha sido fuerte. Me ronda en las noches como nunca antes. También en el día... me secuestra los pensamientos. Y cuando me doy cuenta, me descubro con la mirada perdida, ensartada en una visión que nunca antes había pasado por mi mente... imagino el momento en el que piso por ultima vez Barcelona, su cara triste, su mirada viendo más allá con la paz del que de súbito lo entiende todo, sus manos nerviosas y sus ojos que al cerrarse dejaron caer una lagrima. Solo la vi una vez, y aun así, todo comenzó a cuadrar.

lunes, 5 de mayo de 2008

Un día cualquiera

Ella llega al bar en el que siempre quedaban de verse. La misma mesa, los mismos cuadros, a través de la ventana se alcanzaba a distinguir la misma calle, incluso -si te fijabas bien- se podían ver a las mismas personas entrando y saliendo de la puerta.
-¿Lo de siempre? - le pregunto el camarero.
-Si, si. Por favor.
Ella sabe que está llegando un poco tarde, pero nunca le ha gustado ser de aquellos que esperan, esos seres que deben estar sentados solos, viendo a ambos lados de la calle y mirando angustiosamente el reloj. No. Ella siempre ha preferido ser de las personas a las que tienes que esperar, desear, mirar como -con indiferencia- se acerca igual que una estrella de cine en el estreno de su ultima película. Se queda parada unos momentos en la entrada, hasta que lo ve. Entonces sonríe, y camina esquivando, con la elegancia que solo ella puede tener, las demás mesas del lugar, y sabe que de ellas recibe miradas de deseo y odio; eso le fascina.
Es hermosa, piensa él mientras mete la mano en la bolsa de su abrigo para comprobar que lleva la caja con el anillo de compromiso y recuerda cuando se conocieron hace exactamente tres años.
“Hoy también te pusiste un vestido rojo”, dice él mientras se levanta de su silla. A ella siempre le han gustado este tipo de atenciones.
“Y hoy también esta lloviendo”, contesta. La ironía hace que la sonrisa de ella se acentúe.
Se acercan para darse un beso, pero en el último instante ella inclina ligeramente la cabeza para evitar sus labios. A pesar del saludo, la sonrisa de ella es suficiente para calmarlo. Obviamente no tiene idea lo que ella ha estado pensando de su relación, ni que él llorará toda la noche en la soledad de su sala, con la televisión encendida como un tranquilizante que jamás funcionará.
Sin quitarse los lentes oscuros y sin dejar de sonreír, ella le dice: “Cariño, tenemos que hablar…”

lunes, 28 de abril de 2008

Se quiere lo que no se tiene.

Sabia frase que me decían siempre que pedía algo. Porque al tener lo que deseaba, la hermosura del otro objeto en el aparador -y que yo había decidido no tener- crecía. Así, ha transcurrido gran parte de mi vida, encantándome lo por lo ausente. Y por eso, ahora que vivo en Barcelona es continuo que llegue a mi mente canciones que escuchaba en los talleres mecánicos, canciones que ponía el carnicero con su delantal tapizado de sangre seca, en las obras cuando los albañiles se derretía al ver pasar una mujer y la deleitaban con los versos mas sublimes de la cultura popular. Y hoy desperté con una canción mítica que a medida que la cantaba en la mente (porque mi descaro no ha llegado a los niveles de permitirme cantar a todo pulmón mientras camino al trabajo) la trataba de entender. He aquí mis pensamientos:

Mi Cucu (La Sonora Dinamita)

O morena ¿cómo está tu cucu?
Estamos en cuculandia.
Breves palabras introductorias que nos ponen en el contexto de la canción. El primer verso es claramente una pregunta retórica, pues al final de la canción todos sabemos que su cucu quita el aliento.

Qué lindo es tu cucu (cucu)
Tan bello tu cucu (cucu)
Redondito y suavecito (cucu)
Qué lindo es tu cucu (cucu)


No se revela claramente la naturaleza del cucu, pero entre líneas se deja ve que es de una belleza resplandeciente y una textura impresionante. Muy posiblemente el autor oculta a la vez que muestra sus intenciones poéticas de dedicar esas líneas a una mujer.

Cuando te pones pantalón (cucu)
Y te toca por detrás (cucu)
Se me suelta el corazón (cucu)
Y te quiero más y más y más más (cucu)

Aquí las cosas comienzan a ponerse complicadas y entramos a los terrenos más pantanosos de la interpretación de Mi cucu. ¿Qué es lo que toca por detrás? ¿Será el corazón? ¿Será que la página de donde saqué la letra está mal? Por otro lado, enfoquémonos en el sentido de "querer": puede ser que se trate de un juego semántico entre el sentido erótico y el sentimental. Pero sigamos, que esto quedará más claro en los versos subsecuentes.

No me canso de mirar pero quisiera tocar (cucu)
Ándate y no seas tan malita (cucu)
Yo quiero una tocadita ita ita ita (cucu)

Bueno, esta estrofa es clara. Es tal la experiencia estética que el autor experimenta que quiere participar de esa obra de arte con todos sus sentidos.

Qué lindo es tu cucu (cucu)
Bonito tu cucu (cucu)
Redondito y suavecito (cucu)
Responsable está tu cucu cucu cucu (cucu)

Aquí se repite la idea anterior (textura/belleza) y se agrega una nueva descripción del cucu: la responsabilidad. Es indecible la carga ética que lleva esta estrofa. Continuemos.

- ¡No te metas con mi cucu o te doy una cachetada!
- Oh! cachete se me pone colorada, colorada

Aquí se muestra por primera vez una interlocutora, descubrimos que la melodía es un poema a dos voces, un diálogo que muestra las dos caras de una sola situación. Ella se niega a proporcionar los beneficios del cucu e incluso responde violentamente. Él parece no darse por vencido, habla con un falso acento yanki, como cuando los gringos me quieren ligar por teléfono en español.

No te metas con mi cucu (cucu)
No te metas con mi cucu (cucu)
Yo sé que tienes tu mujer (cucu)
Así que deja mi cucu (cucu)

¡Ah! Una negativa, otra negativa. Pero parece que todo se reduce a un dilema ético: el cucu debe ser dejado en paz porque aquél que quiere interactuar con él tiene SU mujer. ¿Entonces? ¿si no tuviera SU mujer existiría la posibilidad de que ella cediera?

Si me pongo pantalones (cucu)
Y me golpeo detrás (cucu)
nunca falta los mirones (cucu)
Como tú y los demás (cucu)

Aquí se reitera la relación pantalón-detrás-cucu. Va quedando todo más claro, ¿verdad? También descubrimos que el interlocutor no es el único: el cucu tiene más seguidores que el Dalai Lama.

Si quieres puedes mirar (cucu)
Lo que a ti te da la gana (cucu)
Pero si intentas tocar (cucu)
Te daré una cachetada (cucu)

¡Ahh, con que cedemos un poco más! No existe impedimento si le miran el cucu. Sólo habla de que le molesta que intenten tocar el cucu, ¿pero si lo logran? Será que se refiere a aquella sabia frase de Yoda: Try not. Do or do not.

No te metas con mi cucu (cucu)
No te metas con mi cucu (cucu)
Yo se que tienes tu mujer (cucu)
Así que deja mi cucu (cucu).
Se hace la difícil.

- ¡Te voy a dar una cachetada!
- Oh yo prometer mirar

Una vez más el juego de la violent femme y el gringo falso. El autor parece sufrir un bloqueo creativo y utilizar la siempre efectiva técnica del eterno retorno.

Qué lindo tu cucu (cucu)
Sabroso tu cucu (cucu)
Qué lindo tu cucu (cucu)
Me arrebato por tu cucu cucu cucu

El autor, en un arrebato de desesperación por su sequía de creatividad recurre a un rock inesperado entre ésta y la siguiente estrofa, simplemente delicioso. Casi tan sabroso como el cucu.

"En Tepito y en el Peñón de los Bañoscon el cucu de la Sonora Dinamita"

Aquí podemos observar la magnificencia del cucu, con uno solo alcanza para todo Barrio de Tepito y el Peñón de los baños. (para los que no sepan son dos barrios de la Ciudad de México)

Qué lindo es tu cucu (cucu)
Qué lindo es tu cucu (cucu)
Redondito y suavecito es tu cucu (cucu)
Qué lindo es tu cucu (cucu)

Pregunto: ¿no ha quedado claro?

- Yo sé que tienes tu mujer así que deja mi cucu
- Cálmate, cálmate que tú no eres locani comes jabón ni tirando piedra

Éste, señoras y señores, es el párrafo más incomprensible de la historia. Aquí es cuando entran ustedes, mis lectores. Qué-diablos-quiere decir "Tú no eres loca ni comes jabón ni tirando piedra". Hay algo que no estoy viendo, amigos, y eso me conflictúa. ¿Qué relación existe entre la locura y el cucu y comer jabón y tirar piedras? ¿Es una sofisticada metáfora más allá de mi comprensión? He estado todo el día con el Jesús en la boca porque no logro capturar la esencia de este párrafo.

Pero eso sí; qué gran canción es "Mi Cucu".

domingo, 27 de abril de 2008

Diez euros

Ayer recorrí unas seis librerías de viejo en busca de “La muerte de un viajante”, del no tan recién fallecido Arthur Miller. Miller, Miller, Miller, ¿en qué está?, me decían los encargados de las librerias. En teatro decía yo, pero pensaba, y me sentía ridículo pensando: en el cielo, Miller está en el cielo.
Me sentía tonto porque nunca he leído a Miller y porque no creo en el cielo, pero sobre todo porque no estoy tan seguro de que Dios te acoja en su seno una vez que te has follado sin pudor a la Marilyn.
De cualquier forma, la obra se me escondió y en cambio se me reveló “Cómo leer en bicicleta” de Gabriel Zaid.¡Primera edición! Carajo, cómo había buscado ese libro. Lo quería suelto, no en antología, lo quería como se quiere un objeto de colección. ¿Cuánto cuesta? DIEZ euros. No, por favor, este libro no cuesta diez euros. Es decir, qué bueno, pero, ¿en serio? Diez euros? válgame.
Para mi, Gabriel Zaid, es uno de los escritores más brillantes nacidos en "mi tierra del soooooool" y sabemos que no es tan facil encontrar obras de escritores mexicanos en Barcelona, y sabemos que es mucho menos probable que encuentre alguna primera edicion que no habia encontrado en México. y sabemos que aparte de todo eso, ¿a solo diez euros? Pero finalmente no fueron ni diez. Cuando llegué a la caja me cobraron nueve, víctima de un descuento sin anuncio.
Allí junto a "Cómo leer en bicicleta" estaba el segundo tomo de Moby Dick, dos o tres títulos de Sommerset Maughan, novelas de Stendhal y Carlos Montemayor. Estaban Galdós, Valera y Flaubert. Todos costaban diez menos uno.
“HOLA, edicion especial” seguía vendiéndose como pan caliente en los puestos de la calle. Quince euros. Hoy escribo rodeado de libros viejos que me preguntan si los voy a vender.

lunes, 14 de abril de 2008

¿Ideal?

Ayer fue mi cumpleaños, no diré mi edad porque alguien que tenga un blog y que escriba en el sus historias, fantasías y deseos, no debiera ser muy mayor. Dicen que a una cierta edad llega la madurez y con ella la tranquilidad, estabilidad, congruencia. Pero para los que no me conozcan, adivinaran que no soy un niñato cuando lean la siguiente pregunta que me hacen con frecuencia: “¿Cuándo sientas cabeza?”, “Tus amigos casados y a punto de ser padres. ¿Y tu cuando?”. Y para suavizar las cosas siempre finalizan con la pregunta: “Pero, ¿Cuál es tu tipo?”. La pregunta siempre me ha parecido algo absurda, de imposible respuesta; afortunadamente Woody Allen, como tantas otras veces, tiene la respuesta: “Me encantan las rubias de cabello largo, Brigitte Bardot, Julie Christie. Con un toque salvaje. Me gustan las mujeres con grandes pechos, pero firmes y con un gran… trasero, o que sea razonablemente prominente. Me gustaría que fuera un poco mas pesada de lo que se pudiera llamar, perfecta. Grandes ojos, Labios carnosos. Uno puede describir a la mujer ideal, y cuando sales a la calle, repentinamente te encuentras lo opuesto, una mujer con cabello corto, muy delgada, poco pecho y en ropa deportiva, pero la ves y es perfecta, fantástica, con una belleza devastadora y te casas con ella.”

Abuelo

Escucho cosas por doquier, me intereso, continuo y aunque se terminen yo continuo el dialogo de aquellos seres que se han metido en mi vida. Hace unos días, mientras estaba en un café cerca del CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) escuche una discusión acalorada que unos señores sostenían acerca del cine. El comentario final me hizo imaginar a mi abuelo. No conocí a mi abuelo Gilberto; falleció cuando mi padre tenía muy corta edad, así que él apenas lo hizo. Imagino que era uno de esas personas que, con la mirada, dominaban a las bestias y derretía a las doncellas. En las pocas fotografías que le conozco, se adivina a un dandy. Ahora mismo estoy viendo una, tendría entonces unos cuarenta años: sentado, piernas cruzadas, mirada intensa, bigote marcado, delgado pero recio, hombre de esos que ya no se hacen. En otra, de pie, camisa clara, supongo que blanca, pantalón caqui, botas, sombrero, mano en la cintura como preparado para los que quieren pelea. Trabajaba cerca de la más bella de las Córdobas, la de Veracruz. Gracias a múltiples historias que he oído de él, se que era querido y respetado. Imagino que en la tarde, al tomar el café, la cerveza, el pulque, el aguardiente o lo que la tarde le inspirara, su mesa era siempre la más concurrida y aquélla en donde se podían escuchar las mejores conversaciones. Es ahí donde mi mente unió las dos vidas, años cuarentas en México, año 2008 en Barcelona. Me imagine a Don Gilberto en la conversación del cine. Imagine al otro tipo acalorado. Imagine comentando alguno de los temas que a todo cinéfilo le gusta tocar, como decidir quien es mejor Chaplin o Keaton. Imagine a ambos a punto de llegar a los golpes. Imagine al otro diciendo “yo no hablo con idiotas” Imagine a mi abuelo respondiendo “Yo sí...”
Estoy esperando con ansia a que alguien me insulté con esas palabras mágicas que me permitirán responder como mi abuelo, en mi mundo, lo hizo. Voy a tener preparada la defensa contra el golpe que probablemente intentaran darme, así como el gancho de contraataque que espero no falle.

Imagenes


C:\> después de comer en un tiempo record y de no tener nada urgente y constructivo que hacer y aprovechando que hoy tengo un sentimiento de suerte, encontré estas curiosidades en internet.





Lo siento, después haré un post como Dios manda.

lunes, 7 de abril de 2008

Eva

Este fin de semana fue de trabajo, el pasado también y, como van las cosas, lo será también el siguiente. Ahora supuestamente no debería estar escribiendo sino corrigiendo apuntes. Entregas y mas entregas, pero eso no ha impedido que, finalmente, haya visto una película que deseaba con locura: The Dreamers de Bertolucci. Tanta cantidad de trabajo no va a impedir que dedique este post a una mujer que esta llegando a ser otra de mis Musas. Eva Green.

martes, 25 de marzo de 2008

Gripe

Semana santa, semana de peregrinaciones, de viajes, de descanso. Eso ultimo era mi plan para esta fecha festiva. Descansar. Sin embargo, como en toda buena pelicula autobiografica (porque cada dia que pasa me doy cuenta que soy solo un buen recuerdo) al protagonista le roban la pelicula. ¿quien no recuerda el infortunio que sufrio Luke Skywalker cuando entro en escena Han Solo o cuendo, al salir del cine, todos los niños cantaban la cancion de Timon y Pumba sin recordar ninguna de las frases de Simba, o (aunque a algunos les pese) la presencia arrolladora de Sindney Poitier, que dejo en segundo plano a Walter Brennan en Good bye my lady? Asi, al que iba a ser el protagonista de mi fin de semana lo opaco una gripe que recordaba a Charlton Heston en Ben Hur -monumental-, por lo que quedarme recluido en casa se convirtio mi unica opcion. Pero, como dicen en mi pueblo, a mal tiempo buena cara por lo que aproveche para ver una pelicula esperaba ser vista: Zabriskie Point, de Antonioni. Esperaba mucho de ella (tan solo la mitad del deslumbramiento que Blow Up o Profession Reporter me provocaron hubiera sido suficiente) y no me decepcionó. Pero no quiero comentar la película sino una sola escena: Mark (el protagonista) está en medio del desierto volando una avioneta que acaba de robarse en plena huida de la policía de Los Angeles. Daria (la princesa de este fumadisimo cuento) conduce un coche viejo, una verdadera maravilla, por una carretera del mismo desierto californiano y se dirige a Phoenix o algo peor. Él la ve, o ve al coche más bien: no puede saber que conduce una mujer hermosísima, boca grande, ojos grandes; vista desde cielo no es sino un insecto que avanza lentamente en un desierto que ya perdió toda proporción. Entonces él decide divertirse un poco: desciende como si fuera a aterrizar en la carretera, amaga con embestir al coche por detrás y súbitamente asciende; repite la maniobra, pero ahora amenaza con embestirlo por delante, siempre elevándose en el último momento. Es como si las dos máquinas se cortejasen como dos animales un poco bestias o un poco torpes. Después de un rato más ella, menos austada que sorprendida, se orilla y sale del coche para ver las maniobras aéreas. Él le arroja una manta roja que primero vuela por el cielo y que después parece descender vertiginosamente. Unos kilómetros más adelante se encuentran en una especie de rancho abandonado. La avioneta tuvo que aterrizar por falta de combustible y ella lo lleva a la próxima gasolinera. Sigue un romance efímero y mágico en el desierto.
Este encuentro es uno de los más improbables y asombrosos que nunca vi. Si algo así puede ocurrir, aunque sea en el cine, creo que aun puedo tener alguna esperanza.

viernes, 21 de marzo de 2008

Gracias

He visto atardeceres de gigantes rojos que cubrian tres cuartas partes del cielo. He visto atardeceres sobre planetas cuya gigantezca gravedad y densa atmosfera hacian temblar la luz como si el sol estuviera a punto de romperse. Alguna vez vi ponerse tres soles sobre una ciudad de cristal. He esperado 50 años a que la luz de una supernova alcanzara un pequeño asteroide, solo para ver una unica y final puesta de sol. Tambien vi un atardecer de 12 horas, mientras la lenta rotacion de un planeta lograba ocultar al sol detras de ciclopeas montañas. Incluso he estado parado sobre una estrella de neutrones, viendo un nucleo galactico esconderse tras el horizonte 16,000 veces por segundo. He perdido amigos y enemigos, congelados por un repentino atardecer en mundos sin atmosfera. Yo mismo he visto atardeceres volverse grandes navajas de obscuridad que parten un mundo completo -terminators- venir hacia mi, y he sido engullido por la umbra mas absoluta. He visto soles fusionar sus reservas en un ultimo grito agonico para despues derrumbarse sobre si mismos. He visto soles ser devorados por hoyos negros no mas grandes que la cabeza de un alfiler. He visto tantas imagenes tan sorpendentes que alguna como la que vi hoy solo me produce aburrimiento y hastio. Gracias Asimov, Heinlein, Silverberg, Niven, Clarke, Anderson, Simak, Pohl. Gracias a todos ustedes por llenarme la cabeza de cosas que jamas mirare, pero que me permiten ver todo de otra manera.

jueves, 20 de marzo de 2008

Salvada

"Ahora recuerdo todo. Estaba en la cubierta, porque no queria ver una pelicula, cuando el yate exploto. ¿Conocias a alguien que se haya salvado gracias a Garganta Profunda?"
Dwan (Jessica Lange. King Kong, 1976)

miércoles, 19 de marzo de 2008

Billar


¿Sabrán las bolas de billar donde iran a terminar después de que las golpea la bola blanca? ¿Quienes seremos? ¿Las bolas lisas y rayadas o la bola blanca? A muchos les gustaría ser la bola blanca, la que impulsa, ocasiona, genera y decide el destino de las demás bolas. Les gustaría ser la persona que tiene en sus manos las decisiones correctas, que puede y sabe como lograr lo que quiere de los demás. Ser alguien que provoca las reacciones en lugar de ser el que reacciona ante el impulso de alguien mas. Pero en realidad, la mayoría de las veces las personas son solo un 3, un 11 o incluso, si tienen suerte, un 8, que a su manera es importante. Pero yo, aunque muchas veces soy la bola blanca, muchas otras veces siento que soy el taco, y no lo digo de una manera narcisista o ególatra, al contrario, el taco es importante, claro, pero ¿Lo saben acaso las bolas? Ellas solo ven venir a la bola blanca, y al final de cuentas, reaccionan solo ante ella, no ante el taco, el Deus Ex Machina tras bambalinas. He visto muchas veces como he hecho reaccionar a varias personas, sin que estas siquiera lo noten. Aunque prefiero eso a jugar carambola de nuevo. Tres en juego ya no es divertido.

martes, 18 de marzo de 2008

Batallas

Uno de los rituales que no fallan, son los primeros que haces en el día. Aquel que todas las mañanas te recuerda que eres tú; un café, una canción, lavarse los dientes, orinar, sentir el escalofrío al destaparse, dar un beso, estirarse mientras sueltas uno de los gritillos mas agudos que puedes hacer, sacar la primer (y peor) flatulencia del día, hacer el amor o simplemente tener sexo. Así, sin darme cuenta, mi mañana se llena de actos que poco a poco acaban haciéndome. Y mientras batallaba mi soledad con el café y el periódico (batalla emocionante dependiendo de lo que se les haya ocurrido hacer a los chinos para las olimpiadas o a los islandeses para el festival de la lluvia azul) se interpusieron unas intrusas que acabaron por humillar a mis personajes. Eran dos mujeres que llegaron al café y no toman en cuenta las batallas de los demás y mucho menos la mía. Se sentaron en la barra junto a mi, y comenzaron a hablar. Desafortunadamente, desde pequeño mi capacidad de atención ha sido un poco mas que nula, siempre recibía reprimendas de los mayores: profesores, familiares hasta de desconocidos “¿no estará tonto?” Continuamente escuchaba esa pregunta. Pero hoy al estar releyendo por tercera vez el párrafo que aparecía en la primera plana, escuche la historia de mi vida contada por ellas: “Sonríe, fija la mirada por unos segundos, escóndela, deja que se acerque, acéptale algo de tomar, dale tu teléfono, deja que se enamore un poquito, sal con él un mes y no lo vuelvas a ver. Si sales con él más de un mes quedas amonestada. Si te enamoras pagas las cervezas.”

Sin sentidos

Nunca pensé que pudiera sentir eso por alguien, tan terriblemente maravillado. Estaba tan loco por ella. No nos dejábamos respirar. Obsesionados. Entonces tratamos, de enamorarnos a través de las múltiples borracheras. Bebiendo nuestro amor. Conectarnos desconectándonos. Pero en la mañana, el “nosotros” no tenia sentido. Así que se fue. Nunca regresó. Yo me quede ahí. En más de una resaca, mi único deseo era su partida. Pensaba que era la única forma de librarme de ese sentimiento. La extraño. No puedo odiarla. Hace tiempo tuve un sueño que comenzó en otoño y terminó en verano. Un sueño con días de conflictos interminables y noches maravillosas. La mayoría de nuestras aventuras comenzaban en restaurantes, nos continuaba en algún bar lleno de extraños y terminaban con gritos y un portazo, sin embargo, sabia que el siguiente día nos volveríamos a ver. Pero una de esas veces no hubo un día siguiente. Ahora, después de años, la diferencia fue un beso acompañado por su -adiós mi niño- y mi -adiós pequeña-. Siempre me han fascinado los jugadores de cartas, su filosofía se basa en instinto y suerte. No se si yo pudiera hacer los mismos movimientos estando en su posición. En los últimos años la vida me ha enseñado a no confiar en las personas, afortunadamente aun no he aprendido. Sigo maravillándome de las veces en que dependemos de otras personas para conocernos y decirnos quien somos, cada reflexión me hace ser más yo. Me ha tomado mucho tiempo llegar aquí de nuevo. Después de todo, no es tan difícil cruzar de nuevo la calle. Todo depende de quien te este esperando del otro lado.

lunes, 3 de marzo de 2008

Asi.

Soy diestro. Nunca duermo siesta. Mi pelo grita por su ausencia. Llego tarde a casi todo. Bebo café con leche. Sin sol me muero. Aprendí a colorear con lápices Berol. Me gustó la primera vez. La gripe sabe dónde vivo. Extraño a mi familia. Tambien a ti y no te conozco. Bailo de lejos. Odio tender la ropa. Intento nunca planchar. Tiendo a exagerar. Me duele la mano derecha. Mis primeras palabras fueron “puta vida”. Las últimas serán “puta muerte”. No tengo pijama. Te veo todos los días. Quiero tener un perro. Tu no me has visto. Busco planeta con tres volcanes. A Dios le caigo bien. Le caigo mejor al Diablo. Debo facturas. Lloro con la opera. Recuerdo detalles. Prefiero viajar en tren. Nunca me llamas. Tenis. Azul. Mar. Besar a mediodía. Me gusta la sal. Me gusta el tequila. Llueve cuando lavo el coche. Duermo abrazado a la almohada, casi nunca de noche. Cambios. Desayuno sin prisa. Olor. Madera. Otoño. Miento, robo y mato. Camino lento. Siempre voy descalzo. Cine, cena, playa. Quiero aprender japonés. Soy como todos. Cruzo los brazos. Mientras trabajo, escribo. No puedo ver una rata. Escucho fuerte. Canto bajito. Verde. Tapete y zapatos. Leer. El big bang de mi bolsillo. Me ducho con agua hirviendo. Conduzco despacio. Abro a medianoche. Erre hache positivo. Talla eme. ¿Tienen camas más pequeñas? Te cu eme. Atropello como un ciclón. Si quieres me quedo un rato. Busco anticiclón. Sonrio en la calle. Seré el disfraz que elijas. Prefiero veranear en invierno. Tardo mucho en despertar. Más golpes da la vida. Caigo en la tentación. Soy diestro y soy esto. Y aún así pregunto.
- ¿Te quedas conmigo?

domingo, 2 de marzo de 2008

Y nunca jamas...

Yo pensaba… Yo creía… Yo deseaba con todas mis fuerzas que el País de Nunca Jamás existiera de verdad y no sólo en un cuento.
Y fiel a mi deseo, me negué a crecer.
Durante años busqué una pista acerca de su ubicación real. Leí libros, consulté mapas y aguanté como un campeón, casi sin dormirme, la transmisión por TV de ciento cuatro documentales en la madrugada. Mi esfuerzo quedó en vano, y la ilusión del renacuajo que no quería ser rana se topó pronto con la razón de sus mayores. Nada pude hacer entonces por demostrarles que aquel país no era inventado. Sólo me quedó persistir en mi deseo, y así mi cruzada a favor de una vida alternativa para el menor no tardó demasiado en convertirse en el único y particular acto de fe del que aún hoy se alimentan mis textos.
Ahora soy el niño con aires de sabelotodo que cualquier día se da un golpe inolvidable saltando desde su nube.
Ése soy yo, señoría, lo admito, culpable del delito, demasiado infantil, han pasado los años y todavía vivo en mi puto mundo. El espejo del ascensor en el que subí a la oficina del quinto piso a vivir mi ultimo dia en la empresa, me devolvió la imagen de un niño que cumplirá sus treinta y un añitos. Una edad que por ahora no pesa en ninguna de las arrugas que el tiempo se ha empeñado en marcarle. Los pocos pliegues que adornan mi cara se adivinan como resultado de una sonrisa cada ocho minutos, tengo los ojos limpios, la mirada amable y una boca por la que a menudo se asoma el mismo verbo. Me veo como soy y, al mismo tiempo, como me quiero ver. En una mano llevo la varita mágica que irá modelando lo que aún queda por salir, con ella complazco a los que, siendo aptos para opinar de mi vida, se reservan el derecho a hacerlo y me dejan crecer a mis anchas. En la otra mano llevo el sable que visualizo como la mayor de mis preocupaciones cada vez que un no-apto me viene a iluminar con su grandilocuencia.
Es fácil conocerme, muy difícil enfadarme y casi imposible descubrir que, de la suma de todos mis rasgos, se puede leer una consigna, un lema. La madre de todos mis motivos y el factor común de cada una de mis acciones. Hasta hace poco era un secreto incluso para mí (que no para otros). Pero la verdad ha explotado en mis narices y hoy vengo a contarlo, a confesarlo, porque soy culpable de ceguera, no de ocultismo, y si no me cree, señoría, vea la rapidez con que lo suelto, vea la sinceridad que me gasto para anunciar a los cuatro vientos que yo pecaba y aún peco de pensar, de creer y, sobretodo, de desear con todas mis fuerzas que el País de Nunca Jamás existiera de verdad y no sólo en un cuento.
Vea como lo admito, señoría: vivo en mi puto mundo.
Este niño aún se encabrona cuando, a cinco minutos de apagar su ordenador, suena el teléfono y una queja que ya pensábamos improbable puede destruir la cena ideada.
- Me cago en…
Este niño mete enciende de nuevo su artilugio informático y resuelve o al menos tranquiliza a la persona del otro lado de la línea, y que, por la hora y modo de hablar, simula a un vigilante nocturno en la fábrica de un polígono industrial que, desconcertado por el desajuste que su horario de sueño provoca en sus horarios de comida, no tiene muchas más opciones que la de comer por tupper-ware y, el día que se olvida el tupper-ware en la mesa de la cocina, levanta el teléfono y ordena comida a domicilio, solo que en esta vez la llamada es para calmar otros instintos.
A deshoras, cuando media ciudad se está metiendo en la cama y este niño puede aprovechar para caminar cruzando por calles vacías y saltándose semáforos inútiles, la dirección que le reclama se levanta sobre el suelo en forma de gran edificio, una nave que, ya de lejos, tiene más pinta de piedra gris puesta en mitad de cualquier sitio que de otra cosa.
Por cómo suspira, una y otra vez, se averigua la poca gracia que le hace tener que echar horas extras involuntarias, cuando bien podría estar sirviendo su descanso a Morfeo. Se nota, se ve. El niño gruñe, tira el envoltorio de chicles donde le da la gana y así se rebela contra el mundo. Pero no tiene mal genio, señoría, no eche cuentas de su enfado. Hoy está cansado, le cuesta cargar con el alma, la semana ha sido ajetreada, una semana-terremoto, por eso parece que todo le molesta. En el fondo, es buen chico. Tome como muestra de ello esto que va a ocurrir, y fíjese en la soltura con que se deshace de su enojo, señoría, mire cómo lo hace, note que de repente su cara se ilumina. Y escuche lo que le salta de los labios cuando ve lo que tiene delante.
- Caray, una fábrica de juguetes.
El niño aún no ha crecido, tiene el arrebato fácil y su humor ahora se contenta con la más simple de las ofertas. La prisa que hace un momento vestía para acabar cuanto antes su turno, le empuja ahora a entrar en la fábrica y, dando un tirón a la puerta, se cuela en ella.
Dentro, todo está oscuro. Aún así, no se contiene de la emoción. Por fin va a desentrañar el interior de un sitio de estos y, como loco, recorre los pasillos, como un demente que de pronto confunde su causa. Enajenación mental, señoría, líbrelo de su culpa, que este niño no tiene maldad. Sólo busca al vigilante y, si acaso, mientras lo encuentra, devora con los ojos, afina la mirada y apunta hacia cualquier detalle, aunque no vea nada y el escrutinio de su entorno se asemeje más al ejercicio imaginativo de cualquier mocoso.
Busca un sitio algo más iluminado, quiere grabar en su retina el decorado de un mundo mágico, un arsenal de juegos y artilugios maravillosos, quiere encontrar regimientos de payasos con platillo y bombo, miles de robots ordenados en filas delante de un puñado de balones, entre la sección de muñecas y la de coches teledirigidos. No sabe si es mucho pedir conocer a alguno de los duendes que con sus propias manos ultima la creación de un yoyó, quiere ver disfraces, tableros de juegos, figuras de superhéroes articuladas. Quiere ver un tren recorriendo la sala de máquinas. Se imagina una gran habitación llena de peluches, al lado de las bicicletas, rodeado de monopatines y cochecitos de bebés.
El niño entra en la sala principal, y quiere oír música, quiere escuchar las frases de los muñecos parlantes, se imagina entre el climax de una película timburtiana, una escena multicoloreada. Es así como a cada paso asciende por una escalera de expectativas, y a cada segundo de incertidumbre, mientras busca un interruptor que alumbre el ambiente, alimenta su ilusión de ver lo que quiere ver, el deseo de descubrir el entorno de fábula en la fábrica de juguetes, la trastienda de las ilusiones.
Pero no oye nada y crece una duda, la que viene del silencio. Porque este niño no es tonto, y aunque es imposible ver con claridad el aspecto de lo que tiene delante, se teme lo peor, no puede esperar gran cosa de una fábrica sin ruido y como si tal pensamiento invocara de pronto al espíritu que lo desvela todo, de la nada.
- Chico, ¿que haces aquí?
Cuando el vigilante nocturno enciende la luz, este niño casi rompe a llorar.
- Ah, sí, buenas noches, creo que me he perdido.
Este niño disimula, recompone la postura y se acerca al vigilante.
- Pensé que por aquí podía cortar camino para llegar a la estación de tren.
- Suele pasar eso muy seguido, deberían poner una señal, lo he pedido pero sabes como son los encargados. Solo escuchan lo que les conviene.
A primera vista sólo ve una sala llena de trastos. Hasta ahora, no había notado la corriente de aire frío que recorre el lugar, hasta ahora los colores imaginados servían de hoguera y su esperanza había caldeado el ánimo. Ahora, cada caja, cada aparato, tiene el brillo industrial de cualquier taller de coches. El color dominante es el gris sucio. Los metales están engrasados, y donde bien podría respirarse un olor dulce de caramelo sólo se percibe un aroma a goma quemada con la que, el niño ya lo adivina, hacen la cara de los muñecos.
-¿Es aquí donde fabrican los juguetes? – pregunta al tipo.
- Sí, hijo, pero sólo de día.
De noche, piensa este niño, la fábrica de juguetes es sólo un cementerio de objetos. Pero el vigilante nocturno añade algo, un dato seguido de una pregunta en la que este niño deposita la esperanza de no ver arruinado del todo su sueño.
- En este momento, sólo hay una máquina en funcionamiento. Está en otra sala, ¿quieres verla?
Y el niño responde que sí, que por supuesto.
- Claro que quiero verla.
Tenga en cuenta, señoría, la importancia que cobra para el infante la noticia, cuando casi se había hundido en la fuerte decepción de ver caer su fe. Valore el gesto con el que camina hasta la otra sala, la cara que pone cuando descubre una máquina vibrando, tal y como vibran las lavadoras en pleno proceso de centrifugado. El traqueteo del motor es suave, permite que el vigilante y el niño hablen sin tener que levantar demasiado la voz.
- Esta máquina – explica el hombre – fabrica juguetes pequeños que luego serán robados por los niños.
- ¿Robados?
- Como lo oyes. Hace tiempo que un señor con muchos estudios y muchos diplomas descubrió la sana costumbre que tienen los niños de robar un juguete pequeño cuando sus padres se despistan. Lo cogen a escondidas y luego lo ocultan entre sus ropas. Según calculó aquel hombre, la pérdida ascendía a demasiados números, para lo cual, el tipo decidió fabricar, al coste mínimo, una serie de pequeños juguetecitos que por su colorido y tamaño atraerán la atención del niño.
Con esta técnica, se reducía el número de hurtos en juguetes de más valor. Y, por ese motivo, se inventó esta máquina, en todas las fábricas hay una – el hombre mete la mano en un cesto lleno de artilugios diminutos y saca un peluche naranja ―. Éste, por ejemplo, es el juguete más robado del mundo, el preferido de los niños ― luego mete la otra mano y saca un disco de plástico azul ―, en cambio, éste es el menos robado. Parece haber un patrón de conducta según el tipo de niño.
- Vaya, no tenía ni idea.
Este niño no sale de su asombro, piensa que el vigilante se ha inventado la historia, piensa que, como a un pequeño más, indefenso en un ambiente de credulidad máxima, le acaban de soltar la mentira más gorda de la historia. Pero al ver el peluche naranja, el juguete más robado del mundo, recuerda un momento de su infancia, pues aunque este niño es un niño, su infancia pasó hace tiempo, señoría, y si no me cree fíjese en la barba, este niño tiene treinta años

- ¿Sabe qué? Yo tengo un peluche naranja de esos.
- ¿Lo robaste?
- Creo que sí.
- Enhorabuena. Según dice otro estudio que se realizó sobre la personalidad de los niños que roban juguetes, eres un niño sano, crecerás sin problemas y te convertirás en un adulto con mentalidad racional. Si hubieras cogido este otro juguete, el disco azul, el menos robado del mundo, serías un Peter Pan, un niño que se niega a crecer. O al menos, eso dice el estudio – el hombre se acerca al oído del niño y susurra algo más ―, si te digo la verdad yo no me creo mucho estas cosas, es darle demasiadas vueltas a la tortilla.
Cuando vuelvo a casa, rebusco entre mis cosas. Primero en los cajones ordenados, luego, en el cajón desastre. En el fondo de este último, encuentro un peluche naranja. Está lleno de polvo, de un soplido intento barrer su superficie: una misión imposible. Ha pasado mucho tiempo y el muñeco es viejo. Aunque no creo en las teorías que te definen como una u otra cosa según robes uno u otro objeto, no puedo evitarlo, me rindo a la frustración de ver mi fe truncada, y la razón de mis mayores cobra valor al volver a mirarme al espejo y verme más crecido.
- Me cago en…
Este niño maldice, se caga en muchas cosas al día, pero visto lo visto, no necesita su perdón, señoría, el niño crece y va emitiendo su propio juicio, de modo que ya no requerimos de sus servicios, señor juez, váyase. Aquí el chico crece en su nube, en su puto mundo, en la caída se le romperán dos dientes contra el suelo un día de estos. Mientras eso ocurre, sigue cargando semanas-terremoto. Y confiesa lo que quiere, lo que le da la gana.
Apurando el tiempo que le queda a este post, asume que la identidad de Peter Pan ha quedado para otros, pero su voz no se agota y no se cansa de repetir que, aunque la naturaleza le imponga su curso y el desarrollo de su aptitud vital le transforme en un adulto como otro cualquiera, sigue necesitando un país imaginario, una territorio inventado para los niños que no crecerán. Hoy quiero imaginar una tierra de juegos ininterrumpidos, un sitio donde vive un niño como el que vi contigo ayer por la tarde, un niño que esta mañana ha vaciado la mochila buscando las llaves de su casa y ha dejado caer en el suelo un disco azul, el objeto menos robado del mundo, el juguete que le delata como el renacuajo que no quiere ser rana, y la rana que nunca será príncipe.
Más que nunca, yo pienso... yo creo.... yo deseo con todas las fuerzas del mundo que el País de Nunca Jamás exista de verdad y no sólo en un cuento. Porque ese niño de la mochila, el niño que hace años robó un disco azul, le llaman Kili.