jueves, 21 de febrero de 2008

Ultimos días

“Aún no se ha inventado nada que supere la extraordinaria habilidad que tienen los tacones para hacer que unas buenas piernas parezcan perfectas, o que las perfectas parezcan increíbles" - Stuart Weitzmann
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Aun tenía el sabor en mi boca del café que me había tomado después de la ducha. Creo que cada día que pasa el café que preparo me queda mas cargado. Ignoro el límite de saturación que tiene agua para mezclarse con el café, pero siento que pronto llegaré a encontrarlo. Estaba cruzando la última calle que me separaba del trabajo cuando, por pura curiosidad, voltee a ver el reloj: llegaba tarde de nuevo. Me quedan solo seis días en esta empresa y, como en todo cambio previsto, cuando estas a punto de alcanzarlo comienzas a hacer una retrospectiva y a analizar tu relación con aquello con lo que próximamente serás otro “ex”.
Extrañaré muchas cosas del trabajo, aunque la camaradería con algunos compañeros se limitó simplemente a:
-Hola.
-Hola, ¿como va el trabajo?
-Uff, pesadísimo. ¿Y tú?
-Igual. Bueno nos vemos.
-Adiós.
Conversación obligatoria cuando estas esperando que salga el café de la maquina que colocaron meses atrás para evitar que saliéramos a desayunar y perdiéramos el preciado tiempo de la empresa. Por lo general yo era el causante de la limitada conversación con aquellas personas que están ahí porque sabes que están, pero si dejaran de ir (si por causas dimensionales saltaran a otra realidad o fuesen uno mas de aquellas personas que últimamente se están suicidando por no tener visitantes nuevos en su blog) me enteraría varias semanas después de su ausencia:
-Oye, ¿supiste de lo que le paso al de la novena?
-No
-Un día estaba trabajando y se desmayó, al parecer le entró un insecto por el oído y le había estado comiendo el cerebro poco a poco hasta que llego a alguna parte importante. Ahora esta en coma
-¡No me jodas, que asco!
Llegue al vestíbulo en donde se encuentra el ascensor y que, como siempre pasa cuando llego a esta hora, al menos uno de ellos me estaba esperando con las puertas abiertas como diciendo: bienvenido a tu último instante de libertad de este día. Para continuar con el ritual diario y no enojar mas a los Dioses, entre pulsando el botón que dejaba entrever un numero nueve ligeramente despintado y me recargue en una de las esquinas esperando a que terminara el peregrinaje vertical al otro mundo. Pero para mi sorpresa, esta vez no cruzaría el umbral solo, a la misma hora llego la secretaria del “Jefe Supremo” y que, para seguir los cánones de cualquier empresa que se jacte como tal, era la dama mas hermosa del edificio (incluso me atrevería a decir que del barrio entero). Y como mujer que sabe lo inalcanzable que es para cualquier mortal que atraviesa en su camino camina altiva, enorme, sin tocar el piso; pero como toda Diosa, es bondadosa. “Buenos días…” me dice aderezando el canto celestial que sale de su boca con una sonrisa perfecta y -sorprendentemente- finaliza la frase con mi nombre, que escuchado de ella parece otro: mas fuerte, con mas gracia, con magia. Ante tal acontecimiento mi única respuesta -como ser adorador de esas divinidades- fue una acción que conjuntó todas las características obligadas de la timidez: voz baja –incluso algo temblorosa-, sudor en la frente y vista al piso, lo que me permitió ver esas dos joyas que la llevaban a donde quisiera. Dos extremidades inferiores que estoy seguro que más de uno ha sido condenado por herejía al tratar de tocarlas. Dos piernas protegidas por una falda negra ligeramente debajo de la rodilla y, como no podía ser de otra forma, lo único que la separaba del suelo eran unos zapatos de tacón con pulsera al tobillo.
Toda mujer es consciente de lo que llega a alcanzar con unos buenos tacones, todo aquel que haya disfrutado del andar de una mujer con zapatos de tacón lo sabe. Cualquier mujer que anexe mínimo cinco centímetros a su altura, sabe que el caminar es un arte, los muslos de las piernas se tensan, las nalgas se suben, inconscientemente se mete el abdomen y se convierten en absolutamente otra mujer, le femme fatal.
Un paso tras otro, ellas saben que al caminar el cuerpo es una simetría perfecta, que el siguiente paso tiene que ser más sexy que el anterior, que son dueñas de las miradas de alrededor, y que no existe nada en el camino que detenga la suavidad con la que llegan a volar sobre un par de tacones.Es tan diferente la presencia y la actitud de una mujer sin aquella altura artificial que aquella que lleva el famoso "tacón de aguja", es un poder tan humano, el saber colocar un pie a poco espacio del otro recargándose solo en uno, y saber que la postura del cuerpo es la perfecta, que sus piernas se ven espectaculares y que la altura las hacen ver más esbeltas.
El poder que les puede dar el sentirse deseadas, el saber que caminar les hace que nadie sea imposible, que pueden obtener a cualquier hombre de cualquier lugar. Que puedo decir de unas zapatos bien colocados, que dejen al desnudo las uñas pintadas de rojo vivo, cualquiera que sea el color del elemento fetiche. El sueño erótico de muchos. Tenerla desnuda tan sólo con sus zapatos muy, muy altos (podría ser mi fantasía sexual).
Unos zapatos pueden llevar al cielo, se puede ver como la sexualidad emana de su cuerpo cuando se presionan los muslos y su altura sube, cuando las miramos y no dejamos de ver sus piernas, es la parte eternamente sexy de un buen par de tacones. ¿Que haríamos sin Jimy Choo, Weitzmann, Blahnik y Perugia?

"Un zapato sin sex appeal es como un jardín sin flores"- Ritta de Acosta
"Los tacones altos son orgullo y privilegio, la llave maestra de la decadencia" - Karen Heller

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los zapatos y lo que estos cubren siempre han sido objetos de deseo, fetichismo y perversión.


La reflexologia (masaje a los pies) no solo relaja, sino tambien estimula el sistema nervioso, de ahi que exista la podofilia (parafilia con los pies) y el fetichismo con los pies. En mi caso me encantan las mujeres con calzado sensual: zapatillas, tacones de 8, 10 o 12, de aguja, de plataforma, despuntados, con pulsera, con aplicaciones, alpargatas, botas (entre más altas mejor... y si son tipo frances... me derrito), de horma italiana, de piso, chinelas, escarpines, babuchas, uff!! todo menos TENIS. Para mi son matapasionnes.

Otro aspecto que podemos encontrar en nuestras extremidades inferiores es el de la PODOMANCIA, que es el estudio de la persona a traves de sus pies o su calzado. Interesante si te gusta lo metafísico, si no... mejor olvidalo.

La planta de los pies calientan la Tierra
y le prometen amansar caminos.
Corren las brechas del destino y fingen demencia
frente a las piedras calizas.
Desgraciados, cerca del agua,
dos veces sedientos.. el mismo camino..
son la conciencia y el tiempo;
nos corren caminando, nos caminan corriendo,
descansado solamente en las callosidades,
en los zapatos, en las ampollas y en las llagas.