martes, 18 de marzo de 2008

Batallas

Uno de los rituales que no fallan, son los primeros que haces en el día. Aquel que todas las mañanas te recuerda que eres tú; un café, una canción, lavarse los dientes, orinar, sentir el escalofrío al destaparse, dar un beso, estirarse mientras sueltas uno de los gritillos mas agudos que puedes hacer, sacar la primer (y peor) flatulencia del día, hacer el amor o simplemente tener sexo. Así, sin darme cuenta, mi mañana se llena de actos que poco a poco acaban haciéndome. Y mientras batallaba mi soledad con el café y el periódico (batalla emocionante dependiendo de lo que se les haya ocurrido hacer a los chinos para las olimpiadas o a los islandeses para el festival de la lluvia azul) se interpusieron unas intrusas que acabaron por humillar a mis personajes. Eran dos mujeres que llegaron al café y no toman en cuenta las batallas de los demás y mucho menos la mía. Se sentaron en la barra junto a mi, y comenzaron a hablar. Desafortunadamente, desde pequeño mi capacidad de atención ha sido un poco mas que nula, siempre recibía reprimendas de los mayores: profesores, familiares hasta de desconocidos “¿no estará tonto?” Continuamente escuchaba esa pregunta. Pero hoy al estar releyendo por tercera vez el párrafo que aparecía en la primera plana, escuche la historia de mi vida contada por ellas: “Sonríe, fija la mirada por unos segundos, escóndela, deja que se acerque, acéptale algo de tomar, dale tu teléfono, deja que se enamore un poquito, sal con él un mes y no lo vuelvas a ver. Si sales con él más de un mes quedas amonestada. Si te enamoras pagas las cervezas.”

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