lunes, 28 de abril de 2008

Se quiere lo que no se tiene.

Sabia frase que me decían siempre que pedía algo. Porque al tener lo que deseaba, la hermosura del otro objeto en el aparador -y que yo había decidido no tener- crecía. Así, ha transcurrido gran parte de mi vida, encantándome lo por lo ausente. Y por eso, ahora que vivo en Barcelona es continuo que llegue a mi mente canciones que escuchaba en los talleres mecánicos, canciones que ponía el carnicero con su delantal tapizado de sangre seca, en las obras cuando los albañiles se derretía al ver pasar una mujer y la deleitaban con los versos mas sublimes de la cultura popular. Y hoy desperté con una canción mítica que a medida que la cantaba en la mente (porque mi descaro no ha llegado a los niveles de permitirme cantar a todo pulmón mientras camino al trabajo) la trataba de entender. He aquí mis pensamientos:

Mi Cucu (La Sonora Dinamita)

O morena ¿cómo está tu cucu?
Estamos en cuculandia.
Breves palabras introductorias que nos ponen en el contexto de la canción. El primer verso es claramente una pregunta retórica, pues al final de la canción todos sabemos que su cucu quita el aliento.

Qué lindo es tu cucu (cucu)
Tan bello tu cucu (cucu)
Redondito y suavecito (cucu)
Qué lindo es tu cucu (cucu)


No se revela claramente la naturaleza del cucu, pero entre líneas se deja ve que es de una belleza resplandeciente y una textura impresionante. Muy posiblemente el autor oculta a la vez que muestra sus intenciones poéticas de dedicar esas líneas a una mujer.

Cuando te pones pantalón (cucu)
Y te toca por detrás (cucu)
Se me suelta el corazón (cucu)
Y te quiero más y más y más más (cucu)

Aquí las cosas comienzan a ponerse complicadas y entramos a los terrenos más pantanosos de la interpretación de Mi cucu. ¿Qué es lo que toca por detrás? ¿Será el corazón? ¿Será que la página de donde saqué la letra está mal? Por otro lado, enfoquémonos en el sentido de "querer": puede ser que se trate de un juego semántico entre el sentido erótico y el sentimental. Pero sigamos, que esto quedará más claro en los versos subsecuentes.

No me canso de mirar pero quisiera tocar (cucu)
Ándate y no seas tan malita (cucu)
Yo quiero una tocadita ita ita ita (cucu)

Bueno, esta estrofa es clara. Es tal la experiencia estética que el autor experimenta que quiere participar de esa obra de arte con todos sus sentidos.

Qué lindo es tu cucu (cucu)
Bonito tu cucu (cucu)
Redondito y suavecito (cucu)
Responsable está tu cucu cucu cucu (cucu)

Aquí se repite la idea anterior (textura/belleza) y se agrega una nueva descripción del cucu: la responsabilidad. Es indecible la carga ética que lleva esta estrofa. Continuemos.

- ¡No te metas con mi cucu o te doy una cachetada!
- Oh! cachete se me pone colorada, colorada

Aquí se muestra por primera vez una interlocutora, descubrimos que la melodía es un poema a dos voces, un diálogo que muestra las dos caras de una sola situación. Ella se niega a proporcionar los beneficios del cucu e incluso responde violentamente. Él parece no darse por vencido, habla con un falso acento yanki, como cuando los gringos me quieren ligar por teléfono en español.

No te metas con mi cucu (cucu)
No te metas con mi cucu (cucu)
Yo sé que tienes tu mujer (cucu)
Así que deja mi cucu (cucu)

¡Ah! Una negativa, otra negativa. Pero parece que todo se reduce a un dilema ético: el cucu debe ser dejado en paz porque aquél que quiere interactuar con él tiene SU mujer. ¿Entonces? ¿si no tuviera SU mujer existiría la posibilidad de que ella cediera?

Si me pongo pantalones (cucu)
Y me golpeo detrás (cucu)
nunca falta los mirones (cucu)
Como tú y los demás (cucu)

Aquí se reitera la relación pantalón-detrás-cucu. Va quedando todo más claro, ¿verdad? También descubrimos que el interlocutor no es el único: el cucu tiene más seguidores que el Dalai Lama.

Si quieres puedes mirar (cucu)
Lo que a ti te da la gana (cucu)
Pero si intentas tocar (cucu)
Te daré una cachetada (cucu)

¡Ahh, con que cedemos un poco más! No existe impedimento si le miran el cucu. Sólo habla de que le molesta que intenten tocar el cucu, ¿pero si lo logran? Será que se refiere a aquella sabia frase de Yoda: Try not. Do or do not.

No te metas con mi cucu (cucu)
No te metas con mi cucu (cucu)
Yo se que tienes tu mujer (cucu)
Así que deja mi cucu (cucu).
Se hace la difícil.

- ¡Te voy a dar una cachetada!
- Oh yo prometer mirar

Una vez más el juego de la violent femme y el gringo falso. El autor parece sufrir un bloqueo creativo y utilizar la siempre efectiva técnica del eterno retorno.

Qué lindo tu cucu (cucu)
Sabroso tu cucu (cucu)
Qué lindo tu cucu (cucu)
Me arrebato por tu cucu cucu cucu

El autor, en un arrebato de desesperación por su sequía de creatividad recurre a un rock inesperado entre ésta y la siguiente estrofa, simplemente delicioso. Casi tan sabroso como el cucu.

"En Tepito y en el Peñón de los Bañoscon el cucu de la Sonora Dinamita"

Aquí podemos observar la magnificencia del cucu, con uno solo alcanza para todo Barrio de Tepito y el Peñón de los baños. (para los que no sepan son dos barrios de la Ciudad de México)

Qué lindo es tu cucu (cucu)
Qué lindo es tu cucu (cucu)
Redondito y suavecito es tu cucu (cucu)
Qué lindo es tu cucu (cucu)

Pregunto: ¿no ha quedado claro?

- Yo sé que tienes tu mujer así que deja mi cucu
- Cálmate, cálmate que tú no eres locani comes jabón ni tirando piedra

Éste, señoras y señores, es el párrafo más incomprensible de la historia. Aquí es cuando entran ustedes, mis lectores. Qué-diablos-quiere decir "Tú no eres loca ni comes jabón ni tirando piedra". Hay algo que no estoy viendo, amigos, y eso me conflictúa. ¿Qué relación existe entre la locura y el cucu y comer jabón y tirar piedras? ¿Es una sofisticada metáfora más allá de mi comprensión? He estado todo el día con el Jesús en la boca porque no logro capturar la esencia de este párrafo.

Pero eso sí; qué gran canción es "Mi Cucu".

domingo, 27 de abril de 2008

Diez euros

Ayer recorrí unas seis librerías de viejo en busca de “La muerte de un viajante”, del no tan recién fallecido Arthur Miller. Miller, Miller, Miller, ¿en qué está?, me decían los encargados de las librerias. En teatro decía yo, pero pensaba, y me sentía ridículo pensando: en el cielo, Miller está en el cielo.
Me sentía tonto porque nunca he leído a Miller y porque no creo en el cielo, pero sobre todo porque no estoy tan seguro de que Dios te acoja en su seno una vez que te has follado sin pudor a la Marilyn.
De cualquier forma, la obra se me escondió y en cambio se me reveló “Cómo leer en bicicleta” de Gabriel Zaid.¡Primera edición! Carajo, cómo había buscado ese libro. Lo quería suelto, no en antología, lo quería como se quiere un objeto de colección. ¿Cuánto cuesta? DIEZ euros. No, por favor, este libro no cuesta diez euros. Es decir, qué bueno, pero, ¿en serio? Diez euros? válgame.
Para mi, Gabriel Zaid, es uno de los escritores más brillantes nacidos en "mi tierra del soooooool" y sabemos que no es tan facil encontrar obras de escritores mexicanos en Barcelona, y sabemos que es mucho menos probable que encuentre alguna primera edicion que no habia encontrado en México. y sabemos que aparte de todo eso, ¿a solo diez euros? Pero finalmente no fueron ni diez. Cuando llegué a la caja me cobraron nueve, víctima de un descuento sin anuncio.
Allí junto a "Cómo leer en bicicleta" estaba el segundo tomo de Moby Dick, dos o tres títulos de Sommerset Maughan, novelas de Stendhal y Carlos Montemayor. Estaban Galdós, Valera y Flaubert. Todos costaban diez menos uno.
“HOLA, edicion especial” seguía vendiéndose como pan caliente en los puestos de la calle. Quince euros. Hoy escribo rodeado de libros viejos que me preguntan si los voy a vender.

lunes, 14 de abril de 2008

¿Ideal?

Ayer fue mi cumpleaños, no diré mi edad porque alguien que tenga un blog y que escriba en el sus historias, fantasías y deseos, no debiera ser muy mayor. Dicen que a una cierta edad llega la madurez y con ella la tranquilidad, estabilidad, congruencia. Pero para los que no me conozcan, adivinaran que no soy un niñato cuando lean la siguiente pregunta que me hacen con frecuencia: “¿Cuándo sientas cabeza?”, “Tus amigos casados y a punto de ser padres. ¿Y tu cuando?”. Y para suavizar las cosas siempre finalizan con la pregunta: “Pero, ¿Cuál es tu tipo?”. La pregunta siempre me ha parecido algo absurda, de imposible respuesta; afortunadamente Woody Allen, como tantas otras veces, tiene la respuesta: “Me encantan las rubias de cabello largo, Brigitte Bardot, Julie Christie. Con un toque salvaje. Me gustan las mujeres con grandes pechos, pero firmes y con un gran… trasero, o que sea razonablemente prominente. Me gustaría que fuera un poco mas pesada de lo que se pudiera llamar, perfecta. Grandes ojos, Labios carnosos. Uno puede describir a la mujer ideal, y cuando sales a la calle, repentinamente te encuentras lo opuesto, una mujer con cabello corto, muy delgada, poco pecho y en ropa deportiva, pero la ves y es perfecta, fantástica, con una belleza devastadora y te casas con ella.”

Abuelo

Escucho cosas por doquier, me intereso, continuo y aunque se terminen yo continuo el dialogo de aquellos seres que se han metido en mi vida. Hace unos días, mientras estaba en un café cerca del CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) escuche una discusión acalorada que unos señores sostenían acerca del cine. El comentario final me hizo imaginar a mi abuelo. No conocí a mi abuelo Gilberto; falleció cuando mi padre tenía muy corta edad, así que él apenas lo hizo. Imagino que era uno de esas personas que, con la mirada, dominaban a las bestias y derretía a las doncellas. En las pocas fotografías que le conozco, se adivina a un dandy. Ahora mismo estoy viendo una, tendría entonces unos cuarenta años: sentado, piernas cruzadas, mirada intensa, bigote marcado, delgado pero recio, hombre de esos que ya no se hacen. En otra, de pie, camisa clara, supongo que blanca, pantalón caqui, botas, sombrero, mano en la cintura como preparado para los que quieren pelea. Trabajaba cerca de la más bella de las Córdobas, la de Veracruz. Gracias a múltiples historias que he oído de él, se que era querido y respetado. Imagino que en la tarde, al tomar el café, la cerveza, el pulque, el aguardiente o lo que la tarde le inspirara, su mesa era siempre la más concurrida y aquélla en donde se podían escuchar las mejores conversaciones. Es ahí donde mi mente unió las dos vidas, años cuarentas en México, año 2008 en Barcelona. Me imagine a Don Gilberto en la conversación del cine. Imagine al otro tipo acalorado. Imagine comentando alguno de los temas que a todo cinéfilo le gusta tocar, como decidir quien es mejor Chaplin o Keaton. Imagine a ambos a punto de llegar a los golpes. Imagine al otro diciendo “yo no hablo con idiotas” Imagine a mi abuelo respondiendo “Yo sí...”
Estoy esperando con ansia a que alguien me insulté con esas palabras mágicas que me permitirán responder como mi abuelo, en mi mundo, lo hizo. Voy a tener preparada la defensa contra el golpe que probablemente intentaran darme, así como el gancho de contraataque que espero no falle.

Imagenes


C:\> después de comer en un tiempo record y de no tener nada urgente y constructivo que hacer y aprovechando que hoy tengo un sentimiento de suerte, encontré estas curiosidades en internet.





Lo siento, después haré un post como Dios manda.

lunes, 7 de abril de 2008

Eva

Este fin de semana fue de trabajo, el pasado también y, como van las cosas, lo será también el siguiente. Ahora supuestamente no debería estar escribiendo sino corrigiendo apuntes. Entregas y mas entregas, pero eso no ha impedido que, finalmente, haya visto una película que deseaba con locura: The Dreamers de Bertolucci. Tanta cantidad de trabajo no va a impedir que dedique este post a una mujer que esta llegando a ser otra de mis Musas. Eva Green.