Escucho cosas por doquier, me intereso, continuo y aunque se terminen yo continuo el dialogo de aquellos seres que se han metido en mi vida. Hace unos días, mientras estaba en un café cerca del CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) escuche una discusión acalorada que unos señores sostenían acerca del cine. El comentario final me hizo imaginar a mi abuelo. No conocí a mi abuelo Gilberto; falleció cuando mi padre tenía muy corta edad, así que él apenas lo hizo. Imagino que era uno de esas personas que, con la mirada, dominaban a las bestias y derretía a las doncellas. En las pocas fotografías que le conozco, se adivina a un dandy. Ahora mismo estoy viendo una, tendría entonces unos cuarenta años: sentado, piernas cruzadas, mirada intensa, bigote marcado, delgado pero recio, hombre de esos que ya no se hacen. En otra, de pie, camisa clara, supongo que blanca, pantalón caqui, botas, sombrero, mano en la cintura como preparado para los que quieren pelea. Trabajaba cerca de la más bella de las Córdobas, la de Veracruz. Gracias a múltiples historias que he oído de él, se que era querido y respetado. Imagino que en la tarde, al tomar el café, la cerveza, el pulque, el aguardiente o lo que la tarde le inspirara, su mesa era siempre la más concurrida y aquélla en donde se podían escuchar las mejores conversaciones. Es ahí donde mi mente unió las dos vidas, años cuarentas en México, año 2008 en Barcelona. Me imagine a Don Gilberto en la conversación del cine. Imagine al otro tipo acalorado. Imagine comentando alguno de los temas que a todo cinéfilo le gusta tocar, como decidir quien es mejor Chaplin o Keaton. Imagine a ambos a punto de llegar a los golpes. Imagine al otro diciendo “yo no hablo con idiotas” Imagine a mi abuelo respondiendo “Yo sí...”
Estoy esperando con ansia a que alguien me insulté con esas palabras mágicas que me permitirán responder como mi abuelo, en mi mundo, lo hizo. Voy a tener preparada la defensa contra el golpe que probablemente intentaran darme, así como el gancho de contraataque que espero no falle.
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