Deberíamos leer cuando estamos hambrientos. Relegar la hora de la comida unos cuarenta y cinco minutos sin ninguna distracción, hasta exasperarnos. Con el estomago vacío se es capaz, al menos yo, de odiar a toda la raza humana. Sólo así, con un humor de perros, me doy cuenta de que la poesía es absolutamente necesaria y no otra manifestación del desocupado. Cuando soy un animal hambriento, lanzo objetos al piso, no contesto el teléfono y el timbre de la casa se convierte en un histérico gendarme. Pero sólo en ese estado es posible admirar la blancura de esta diosa de Gabriel Zaid:
NACIMIENTO DE VENUS
Así surges del agua,
clarísima,
y tus largos cabellos son del mar todavía,
y los vientos te empujan, las olas te conducen,
como el amanecer, por olas, serenísima.
Así llegas de pronto, como el amanecer,
y renace, en la playa, el misterio del día.
Así, los reencuentros continúan y también la poesía momentánea:
-En cuanto la vi supe que estaba enamorado, perdidamente enamorado.
Me confeso con un amigo. Hace tiempo que no decía las cosas tan directas. Sabía la historia, fue un amor con final amargo, como casi todos.
-¿Estaba muy buena?- pregunté, tratando de saber el tamaño y forma de la piedra que le había pegado. -o de aquellas tipicas que encuentras que tienen todo tu tipo, una sonrisa inolvidable, muy lista, muy simpática, miradas eternas, ¿qué fue?- insistí.
-Se parecía mucho a mi ausencia- me contestó.
No tuvo que explicar más. Nos quedamos allí sin saber que añadir a la conversación. Coincidimos en que estar loco por alguien es algo fuera de este mundo. Algo profundo, sórdido y un poco enfermo. Puedes ofrecer muchas explicaciones, pero el detonante (lo sabes cuando todo terminó) pudo ser un simple tronar de saliva cuando pronunció tu nombre, el movimiento de su cabello, que te olió al jabón de tu niñez, que se iba, que fue la primera y única vez que cenaste con ella, y que ahora le quieres decir mil cosas y aunque este del otro lado del mundo, no puedes hacerlo. Para mi fue una risa, la escuche en su cumpleaños. Ese momento, no voy a olvidarlo nunca.
NACIMIENTO DE VENUS
Así surges del agua,
clarísima,
y tus largos cabellos son del mar todavía,
y los vientos te empujan, las olas te conducen,
como el amanecer, por olas, serenísima.
Así llegas de pronto, como el amanecer,
y renace, en la playa, el misterio del día.
Así, los reencuentros continúan y también la poesía momentánea:
-En cuanto la vi supe que estaba enamorado, perdidamente enamorado.
Me confeso con un amigo. Hace tiempo que no decía las cosas tan directas. Sabía la historia, fue un amor con final amargo, como casi todos.
-¿Estaba muy buena?- pregunté, tratando de saber el tamaño y forma de la piedra que le había pegado. -o de aquellas tipicas que encuentras que tienen todo tu tipo, una sonrisa inolvidable, muy lista, muy simpática, miradas eternas, ¿qué fue?- insistí.
-Se parecía mucho a mi ausencia- me contestó.
No tuvo que explicar más. Nos quedamos allí sin saber que añadir a la conversación. Coincidimos en que estar loco por alguien es algo fuera de este mundo. Algo profundo, sórdido y un poco enfermo. Puedes ofrecer muchas explicaciones, pero el detonante (lo sabes cuando todo terminó) pudo ser un simple tronar de saliva cuando pronunció tu nombre, el movimiento de su cabello, que te olió al jabón de tu niñez, que se iba, que fue la primera y única vez que cenaste con ella, y que ahora le quieres decir mil cosas y aunque este del otro lado del mundo, no puedes hacerlo. Para mi fue una risa, la escuche en su cumpleaños. Ese momento, no voy a olvidarlo nunca.
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