“...all those moments will be lost in time, like tears... in rain.
Time to die…”
BLADE RUNNER
Time to die…”
BLADE RUNNER
Un plato de Guayabas, rebanadas de pan Bimbo, mermelada de apio, una milanesa, papas fritas, una ventana con vista a la ciudad, un cuadro de Picasso colgado enfrente de la mesa y un mantel. Nunca importo el material, siempre había un mantel. Comía la carne, daba bocados finos que degustaban los matices que entraban en mi boca. Tomaba una rebanada de pan, la embadurnaba con mermelada y veía los edificios y las antenas, mientras daba sorbos a una taza de café. Cuando fumaba, encendía un cigarrillo al momento que los detalles del cuadro de Pablo (recuerdo que era Guernica) saltaban a los ojos. Con el estómago repleto, reflexionaba en las historias que, como aun lo hacen, flotaban en mi cabeza. Las retenía, intentaba no las dejarlas escapar. Las imágenes son entes volubles que huyen a la menor provocación del aire. Salía y daba un paseo de 3 horas por las calles del centro de México. Nunca cerré mis oídos al barullo de la gente, siempre pensé que podría utilizar sus palabras en el momento final. Sentía las pulsaciones de cada rincón de las banquetas, envolvía mis dedos de los pies en el canto de los grillos. La basura y la mierda no son necesariamente algo malo. Regresaba a casa; me fumaba otro tabaco, me sentaba y me ponía cómodo. Traía todo lo que había observado directo a mis manos: El microbúsero folclórico, las Marías con peinados punks, los cuerpos endebles de los indigentes que lucran con el antiguo melodrama, los niños flacos con su mona, las señoras de compras en el Palacio, las cortinas metálicas de los negocios quebrados, los charcos con gotas de gasolina, la llovizna y los adoquines húmedos de los templos, el recuerdo del amor perdido que vaga en las sombras de Bellas Artes y se fuga después al mural de la Alameda, las viandas que inflamaron su vientre. Los revolvía, apretaba el estomago e intentaba vomitar. Cuando lo lograba, tomaba el mantel de la cocina y me limpiaba con él. Abría algún cuaderno, escribía vomitándolo todo por segunda ocasión. No desperdiciaba ni una gota. Vomitaba. Vomitaba. Pasaba un trapo de tijeras encima del reguero, corregía las imperfecciones. Utilizaba mis habilidades retóricas para fabricar un diamante con la peste. Generalmente sostenía un cuento; sin embargo, para completar el acto de creación, tomaba nuevamente el mantel, le sacaba la lengua a la ciudad y acto seguido, me dirigía a la azotea y saltaba. Despreocupado. Todas las cosas que hice en la vida, eran de utilidad. El tiempo para llegar al suelo era aprovechado -como decía un piloto llamado Cortázar- verticalmente. Si algún aficionado a los video-home, lo grababa, el mundo era testigo de mi astucia para morir en el cuento. Me moría, igual que los mejores homicidas de lectores, de un sólo, de un único golpe, que en realidad fue preparado con cientos de pequeños golpes, invisibles a las pupilas. En momentos giraba, daba volteretas internas-externas, la acción es imprescindible. Una vez me intente aferrar de una cornisa, pero perdí tres dedos, el suspenso hacia que no se viera un suicidio lleno de lugares comunes. El lenguaje se elevaba a los sembradíos del Popocatepetl, los adjetivos alcanzaban puntos Imeca, cuando pronunciaba frases contundentes. Si lograba la claridad del petróleo y el tono del canto de los Huaraches, tenia un grupo numeroso de agradecidos fanáticos. Pero siempre, lo mas importante era el ambiente; no es lo mismo planear en atardeceres bicolores, que en tormentas de granizo, lluvias de truchas, arcoiris o bombas libres de pecado. Siempre escogía un clima interesante para aplastar mi cabeza. El clima que empape la sangre y las letras, debía ser inmejorable. Seguía esos pasos cada que me era posible. Los suicidas se empeñan en volar cada minuto de su vida.
1 comentario:
Hubo una vez, hace algunos años, que alguien escribió este texto para mí como carta de despedida, como el fin de un ciclo e inicio de uno nuevo.....
Aquí inmersa en el nuevo ciclo, encuentro este texto de manera accidental (coincidental?) y llevando media hora con la cabeza en blanco sin saber qué escribir -pero con el impulso de escribir algo, sólo sé que con todo y que mis entrañas ya están hechas de otro material que el de antes, leer ciertas palabras y reconocer ciertos rasgos me desarma un poco.
Espero que seas -no 'seas feliz', solamente 'seas'- en esta vida, en este camino. La líneas se acaban de cruzar por una fracción de media hora y vuelven a separarse, pero como siempre pasa en este entramado cósmico, igual y de aquí a unos años las líneas se vuelven a topar por ahí.
Y es que como dice mi abuela: "la gente siempre vuelve"...
Y como digo yo: "la vida es una barca, dijo Calderón de la mierda"...
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