martes, 25 de noviembre de 2008

¿Que mas?

Gasté mucho dinero en autos, alcohol y mujeres. El resto lo malgasté”
George Best (el quinto Beatle)


¿Que mas se le puede pedir a la vida?


End

Demasiado bueno para no postearlo.


A Girl Called Trouble from worldwentdown on Vimeo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Teléfono

Por razones que no vienen al caso, hoy me dio por pensar cuánto habían cambiado las cosas en los últimos años. Y llegué a una conclusión: los adolescentes de hoy en día tienen bastante fácil la interacción social con sus pares. Si quieren comunicarse con el novi@, un amig@ o quien sea; tienen la posibilidad de chatear, mandarle un sms, enviarle un correo electrónico, dejarle un mensaje en el facebook o en última instancia llamarle a su teléfono móvil.
En mis tiempos las cosas no eran así, uno se veía obligado a telefonear a las casas de la gente. Para alguien con mi personalidad fóbica y paranoide, esto se convertía en un suplicio, especialmente por culpa de “la maldita”.
Cuando se llamaba a la casa de la otra persona, podían suceder muchas cosas. Tu llamada podía ser contestada por personajes como el abuelo sordo que grita: ¿Ah? ¿Qué? ¿Con quién? ¿Policía? No, no, esta no es la Policía. ¡Ah Lucia! Sí, Lucia sí vive aquí. ¿De parte de quién? ¿Quién? ¿Maclobio? ¿Un microbio? ¿Un lobo? ¡Ah, su novio! Finalmente, luego de eternos minutos de alaridos, terminaba por decir que Lucia no estaba. Aún así, el anciano que no escucha no es nada comparado a “la maldita”.
“La maldita” solía estar en su casa todo el día, por lo que las posibilidades que fuese ella quien atendiera, eran bastante altas. Su tono de voz hacia pensar que se había tragado una caja de sedantes, por eso siempre daba la impresión que uno la había despertado (aunque fuesen las tres de la tarde).
El personaje en cuestión desde el primer momento demostraba con su voz medicamentosa, que le molesta en exceso contestar llamadas que no son para ella (a quien nadie llama nunca).
A diferencia del abuelo sordo, ella no tenía ningún problema auditivo, pero con la única intención de molestar, pedía que le repitas una y otra vez, la misma cosa: ¿Quién es? ¿Alberto? ¿Rigoberto? ¿El tuerto?; también se dedicaba a hacer preguntas que no vienen al caso, con su tonito odioso: ¿Con Lucia? ¿Tú estudias con ella? ¿No? ¿Dónde estudiaste? ¿Y, a que te dedicas? Ah... Mira Humberto (olvidando de nuevo el nombre), Lucia no está y no se a qué hora regresa.
–No, disculpe, pero no me llamo Humberto
–Huy, bueno es que tu nombre es poco común ¿por qué tus padres te pusieron así? ¿cómo se llaman ellos? ¿en qué trabajan? ¿y tus hermanos?
Después de cada respuesta, “la maldita” lanzaba un suspiro desaprobatorio, luego solía atacar nuevamente con otra pregunta, hasta que se aburría y decía que está muy ocupada. Cuando Lucia llegaba a la casa, ella le decía que lo llamó un tal Epifanio ¡y cómo habla ese Epifanio! ¡No me dejaba terminar de cocinar la comida!
Si se es lo suficientemente demente como para volver a llamar a la casa y por mala suerte “la maldita” respondía de nuevo (y Lucia seguía fuera), cuando hubiese regresado, ella le comentaría: Por ahí te llamó un Epifanio, ha estado llamando todo el santo día.
La única manera de garantizar que “la maldita” no va a decirle nada a Lucia, era cuando se le decía: Señora, por favor, dígale que me llame, es bastante urgente. Ella nunca dará el mensaje.
Por culpa de “la maldita”, de todas “las malditas”, muchos pasamos nuestra adolescencia llamando a las casas para colgar apenas oíamos su insoportable voz. Por culpa de “la maldita”, las Lucias del mundo dejaron de ser invitadas a las fiestas. Por culpa suya y sólo suya, sudamos frío tantas veces. Deben haber sido tantas las cosas que dejamos de decir y de hacer por culpa de “las malditas”...
Pero viéndolo bien, ahora es lo mismo, solo que en lugar de escuchar a “la maldita”, ahora te responde una voz sospechosamente agradable que te dice “el numero que usted marco no se encuentra disponible…”

martes, 18 de noviembre de 2008

Pienso

Todo tiene un comienzo y un fin. Todo fluctúa, todo puede ser representado por una onda: cresta y valle. Estoy seguro que la inteligencia es como un barco en el océano. Hay veces que llega a lo más alto y otras mas parece hundirse. Así, aquella mujer que en algún momento admirabas por su inteligencia, ironía y sentido del humor, la puedes encontrar después de tiempo siendo una amiba de la sociedad, solo hablando de pañales y de su marido. También puede suceder lo contrario. Mientras lees el periódico en el desayuno, te encuentras una foto del idiota de la escuela dentro de una entrevista que lleva por nombre Las mentes jóvenes más brillantes. Lees sus respuestas y ves que su ingenio es tremendo, que es exitoso. Todos vivimos en ese constante vaivén. Ahora mismo me encuentro a la par del Titanic, con una estupidez apabullante. Me encuentro adormecido, mis pensamientos se desvanecen antes de poder expresarlos, mis comentarios rayan en la idiotez. Cuando escucho a otras personas hablar, discutir, rebatir, me asombro de cómo alguien puede ser tan inteligente. Entre neblinas recuerdo cuando yo era el que rebatía, el que discutía y el que formulaba teorías. Parece que estuviera imaginando esas escenas. Y pienso: qué inteligente y qué triste era yo entonces.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Mailer



Hache

El mundo no está preparado para los que sienten, piensan y viven más que el resto de nosotros. Cuando alguien que vive demasiado, vive en un segundo lo que yo vivo en una hora, y en una hora, lo que yo vivo en una vida, ¿qué pasa? Salta la histeria, la envidia, el resentimiento, el reclamo, la ironía, la pobreza de la propia vida. Pero esperemos que aquellos que aman la vida demasiado, los fuertes, los que no paran de poner todo en un instante, que se entregan como locos a cada segundo de esta carrera hacia la muerte, no escuchen nada, no se detengan, porque su lance es lo que hace que el animal humano, de vez en cuando, merezca celebrar la poesía en que se puede volver una verdadera vida.

Princess

Ayer la ví. Era casi la misma, con su nariz recta hasta la perfeccion y unos jeans rotos que me sorprendieron porque le quedaban menos flojitos que de costumbre. La invitación por Gmail decía “Venga a ver a la freak” y cuando apareció en la bandeja de entrada me propinó una veleidosa sonrisa en el alma. Casi me da rabia cómo se mete en mi ánimo. “Esta no es una amiga, pensé, es un amor ventoso.” Como amigos, hemos perdido lo que se llora en las graduaciones del bachillerato: el permiso. Hay un halo de perversa intimidad entre dos amigos que no necesitan pedirse permiso para llegar a la casa del otro a cualquier hora. Aquellos que no requieren una hoja sellada por triplicado para aventarse palomitas en una sala de cine o para hacerse reír hasta quedar enfermos del estómago. No hablo de sexo, ni de pasión, ni de un pueril crush en la otra persona. Sucede con dos o tres personas en tu vida. No más. Y la vida no se anda fijando si esta persona es hombre, mujer o quimera. El caso es que fui a la exposición. Tomé unas cervezas con mi amiga y su novio. Hablamos. Su novio la miraba con sus ojos de “te comprendo, tómate tu tiempo” y yo se lo agradecí como nunca. La noche hubiera sido perfecta de no habernos encontrado a la pobre alcohólica con la que solía acostarme. En fin, la alcohólica se fue, pero mi recuerdo de “mi Princess” realizando un último viaje a la playa hace exactamente cuatro años, ese empezó a doler.

***

Era julio. Nunca recuerdo las fechas de los días con un sólo dígito. Para mi es casi lo mismo dos que cuatro que siete que nueve. Pero era el mes de marzo y era 2004. El año nuevo me había pasado encima (tenía el corazón apenas detenido por un par de clavitos y un poco de plastilina epóxica) y en esa época lo único que me hacía feliz era oír música y ver películas en una VHS vieja con “mi Princess”. Un buen día me avisó que se iba a vivir a Palma y nos pusimos contentos porque ahora íbamos a ver las películas de los 60’s en un lugar paradisiaco y no húmedo como su cuarto. Así de bobos éramos. Le ayude con la mudanza. Fue durante las elecciones en las que Zapatero ganó. Un poco antes de tomar el camino al puerto, pasamos por la casa de lelque pronto pasaría al terreno de los exes. Era un tipo delgado, con ojos como de perrito de peluche. Era muy gracioso, pero era muy escandaloso y (como la mayoría de sus novios) ya empezaba a molestarse por mi amistad con ella. El perrito de peluche tendrá ahora sus años y me intriga saber por quién votó este año, pero esas elecciones, él había votado por Rajoy. Argumentaba el voto útil, la capacidad de Rajoy, su simpatía (sic) y su sinceridad (sic sic sickness). Ay perrito de peluche, cuántos conceptos habrás repensado en estos años. Después de dos o tres discusiones de supuestos adultos y supuestos pensantes, “mi Princess” se hizo a la mar. Ella me decia “pase lo que pase, este día es histórico”. Yo asentía, aunque no sé si nos referíamos a la misma clase de historicismo. Escuchamos en la radio que el PSOE había ganado: “Que guay, no mas PP”, me dijo. “Se terminaron muchas cosas, Princess. Muchas cosas cambiaran”. Me tomó de la mano que apagaba un cigarro y nos quedamos muy callados hasta llegar a nuestro destino.

***
Ayer que nos despedíamos, mi adorada amiga me dijo:
“Tengo miedo, otra vez tengo miedo de lo que pase después”.
“Yo también, mi Princess. Yo también”.

Freud

Tras preguntas y preguntas sobre distintos temas de la mente, he concluido que la única verdad del psicoanálisis es esta: Las Nuevas Aventuras de Sigmund Freud.






Viaje

Tome un vuelo charter en un DC-10 a Londres, aterrice en el aeropuerto de Heathrow. Tome un taxi al centro de la ciudad. No dejes que la gente te engañe, los hostales no es para gente como nosotros. Me hospede en The Home House, el mas bello hotel en Londres. Le llame a una Gaby, amiga de la universidad que vendía hash, no estaba. Conocí a una pareja de ingleses que me enseñaron todos los rinconces de Camden. Recorrí la Virgin Megastore, compre unos CD's, seguí a unas tipas con el cabello rosa. Vague un poco tratando de tener sexo antes de que lloviera, regrese a The Home House. El Ministry of Sound estaba muerto, así que fui al Rem Forum, pero era la noche gay. Encontré una buga y casi lo hicimos en la pista de baile. Fuimos en taxi a mi hotel. Le arranque la ropa, le bese los pies y después lo hicimos. Salimos unos tres o cuatro días. Gracias a ella, conoci al mejor DJ del mundo, Paul Oakenfold. Sigo perdiéndome el cambio de guardia. Le escribí a mi familia una postal que nunca envié, compre speed de un junkie italiano que quería venderme una bicicleta robada. Fume mucho hash con demasiado tabaco. Vomite varias veces. Vi la galería Tate, Vi el Big Ben. Me harte de comida exótica inglesa. Llovió demasiado. Londres es muy caro. Vuelo a Ámsterdam. Casi todos los Holandeses saben ingles, así que no es necesario que hable en holandés, eso es un alivio. Cruce el distrito rojo, visite un Sex Show, Visite el Sex Museum. De nuevo, fume demasiado hash, muy fuerte. Conocí rubia que decia ser una actriz Holandesa, tomamos absenta en un lugar llamado Absinthe. Son fabulosos los museos. Muchas intensidades pictóricas de Van Gogh y Vermeer. Vague un rato. Compre panques y comí waffles gigantescos. Compre unos gramos de coca y regrese al distrito rojo. Encontré a una pelirroja de grandes senos que me recordó a Ana. Le di 100 euros y me llevo a una habitación cercana. Queria eyacular en sus senos, hasta que me di cuenta que tenia el condón puesto. Charlamos un rato sobre el SIDA, su "jefe" marroquí, ella y yo. Desperté por el canto de un loco en la calle. Se lo llevo la policía. Son las ocho de la mañana y estoy hirviendo. Pretendí patinar en el hielo alrededor de la Estación Central. Conocí a una Islandesa que me ayudo a reacomodar mi maleta. Volé a Paris. Camine por Champs Elysees, subí la torre Eyffel por solo 12 euros. La maquina de tickets del acceso norte estaba siendo arreglada. Encontré un mapa del metro. Impresiona, te lleva a todos lados. Fui a una fiesta de automóviles Ford. Charle con una modelo llamada Katerina. Me hizo el sexo oral en el Marriot, sabe lo que hace. Me impresiono que en su bolso llevara el libro de Asi Hablo Saratuztra. Hablamos de eso mientras se lavaba los dientes. Jugué billar en la sala de juegos del hotel. Fui de compras. Creo que me contagió el Mono. Me sibi a un Ferrari propiedad de la familia real de Arabia Saudita. En el baño de un bar cerca del Louvre, una húngara que me presento Hanni, me masturbó. Creo que tenia los ojos color miel. Vi el amanecer en el Arc de Triomphe. Casi me atropella un Volvo. "Oakie" me invito a Dublín. Tome un vuelo de Air Lingus, me hospede en el Morrison. Dublín es un paraíso inimaginable. Oakenfold me deja estar junto a el mientras esta pinchando. Las irlandesas son pequeñas como duendes. Conocí a una irlandesa borracha, para variar, que me tocaba muy seguido el culo y me llamaba Mr MX. Se desnudo para mi en el baño del club. Fuimos a la Guiness Factory y me robe varios vasos de cerveza tan buena que me excite. Volé a Barcelona la mañana siguiente, no quise llegar a la casa, quise tener una vida de turista, me quede en el Arts, es mas lo que dicen de el que lo que realmente es. En Barcelona hay demasiadas estudiantes norteamericanas gordas y borrachas. Tome acido en la Sagrada Familia, ha sido uno de los mejores viajes que he tenido. Fui al Museo Gala Dalí. No tenia mas acido, una mierda. Una conocida de Canadá me hablo a mi teléfono y le deje oír las campanadazas de la iglesia. Santa Cruz es bonito, pero no hay mujeres jóvenes, solo viejos hippies. Así que me fui a Suiza donde, irónicamente, no encontré a nadie que me diera la hora. Tome el Glacier Express a Shiltone, hermosa hasta dejar sin palabras. Europass a Italia, acabe en Venecia. Encontré a una chica que se parecía a Rachel Leigh Cook, y hablaba mejor español que yo. Lleva viviendo un año con solo 5 euros por día. Viajamos en góndola. Fue algo incomodo. Me llama capitalista por que mi habitación cuesta mas -por una noche- que todo su viaje. No le importa que yo pague las cuentas. La deje después de esa noche y me fui con una pareja que quería un trio. Hubo demasiada tensión en el viaje a Roma. El trafico es terrible. Nos detuvo por horas. La esposa esta loca y el esposo se me insinuó a cada momento. Me recordó a alguna de las películas de Polanski. Paramos en Florencia donde vi el Duomo. Hubo una alarma de bomba. Falsa por supuesto. Perdí a la extraña pareja, creo que fue lo mejor. Acabe en Roma que es grande, caliente y sucia. Como Los Ángeles pero con ruinas. Fui al Vaticano. Ridículamente opulento. Me lastime el cuello por ver durante dos horas la Capilla Sixtina y, ahora que la limpiaron, parece una imitación barata. Conocí a dos italianas menores de edad que convencí que se besaran mientras yo me masturbaba viéndolas. Después me invitaron a una fiesta. Aburrida. Mi hotel tiene un gimnasio, me ejercite un poco. Me tope con un tipo que juraba que me conocía. Mentira. Lo tuve que empujar para que se fuera. Quise aprender a eructar pero me cague en los pantalones. Mientras me masturbaba en mi habitación sentí un dolor en los testículos. Soñé con una hermosa mujer en el agua, acariciando todo su cuerpo. Me preguntaba si le gustaba y yo respondí que podría limpiar pescado con su sostén. No se que quise decir con eso pero desperté descansado. Me masturbe de nuevo en la ducha, pedí la cuenta y salí del hotel. Viajé de regreso a Londres caminé por Picadilly Circus. Intercambie playeras con una estudiante de Cambridge. Por solo ver su bra lila de La Perla perdí mi playera Versace. Quiso aparentar recato pero es una calienta hombres. El siguiente día compre acido y me perdí todo el día en el metro. No encontraba ninguna salida. Encontré a una irlandesa con cara de ángel que accedió a que cada quien se masturbara viendo al otro, con la única condición de que no manchara su abrigo Paul Smith. Después fumamos hash mientras oíamos a Michael Jackson. La siguiente mañana desperté habando conmigo mismo. Tenia un golpe en la cabeza por quedarme dormido mientras lo hacíamos en el baño. Tome mis cosas y apenas llegue para mi vuelo de vuelta a Barcelona. Ya no se quien soy. Me siento como el fantasma de otra persona totalmente desconocida para mi. Así, acabe aquí de regreso a la casa. Dándome cuenta que no podré quitarme de la cabeza tu sonrisa ni tu perfume. Sabiendo de que no existo sin ti.