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Era julio. Nunca recuerdo las fechas de los días con un sólo dígito. Para mi es casi lo mismo dos que cuatro que siete que nueve. Pero era el mes de marzo y era 2004. El año nuevo me había pasado encima (tenía el corazón apenas detenido por un par de clavitos y un poco de plastilina epóxica) y en esa época lo único que me hacía feliz era oír música y ver películas en una VHS vieja con “mi Princess”. Un buen día me avisó que se iba a vivir a Palma y nos pusimos contentos porque ahora íbamos a ver las películas de los 60’s en un lugar paradisiaco y no húmedo como su cuarto. Así de bobos éramos. Le ayude con la mudanza. Fue durante las elecciones en las que Zapatero ganó. Un poco antes de tomar el camino al puerto, pasamos por la casa de lelque pronto pasaría al terreno de los exes. Era un tipo delgado, con ojos como de perrito de peluche. Era muy gracioso, pero era muy escandaloso y (como la mayoría de sus novios) ya empezaba a molestarse por mi amistad con ella. El perrito de peluche tendrá ahora sus años y me intriga saber por quién votó este año, pero esas elecciones, él había votado por Rajoy. Argumentaba el voto útil, la capacidad de Rajoy, su simpatía (sic) y su sinceridad (sic sic sickness). Ay perrito de peluche, cuántos conceptos habrás repensado en estos años. Después de dos o tres discusiones de supuestos adultos y supuestos pensantes, “mi Princess” se hizo a la mar. Ella me decia “pase lo que pase, este día es histórico”. Yo asentía, aunque no sé si nos referíamos a la misma clase de historicismo. Escuchamos en la radio que el PSOE había ganado: “Que guay, no mas PP”, me dijo. “Se terminaron muchas cosas, Princess. Muchas cosas cambiaran”. Me tomó de la mano que apagaba un cigarro y nos quedamos muy callados hasta llegar a nuestro destino.
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Ayer que nos despedíamos, mi adorada amiga me dijo:
“Tengo miedo, otra vez tengo miedo de lo que pase después”.
“Yo también, mi Princess. Yo también”.
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