
Los de la fotografía son el filósofo marxista André Gorz y su mujer, Dorina, at their finest hour. La mirada de él es escéptica e irónica, su rictus vagamente adolescente, aunque tal vez sea el efecto de la cara delgada: detrás del marxista se adivina a un hombre orgulloso y desencantado. A ella no podemos descifrarla tan fácilmente, sólo vemos un ángulo breve de su cara, una ceja delgada y una mirada orgullosa como la de él, confiada, casi insolente. Jóvenes y guapos, la fotografía los perpetúa en los años cuarenta, cuando venían de conocerse y miraban con aparente confianza a la Europa devastada por la guerra. Nunca se separaron ya: juntos transitaron por el aciago siglo XX, juntos se retiraron a una pequeña casa en las afueras de París en donde envejecieron y en donde juntos se quitaron la vida en septiembre de 2006. “Avisen al gendarme”: se leía en la nota que clavaron en la puerta. Él tenía 82 años y ella 83. “No queremos sobrevivir a la muerte del otro. Nos hemos dicho que si, imposiblemente, tuviéramos una segunda vida, querríamos vivirla juntos otra vez”, escribió él. El suyo fue un viaje hacia adentro: desde la vida arriesgada, las batallas políticas y los debates filosóficos del siglo (él fundó Lestemps modernes junto con Sartre), hasta la casa silenciosa en el campo en donde imperaría la vida sencilla y el amor maduro aunque nunca menguante su fuego, al contrario, creciente siempre. No tuvieron hijos. Estaban solos y se querían egoístamente, no querían compartirse con nadie más ni repartir su amor tampoco. “Pronto tendrás 82 años, le escribe él en su último libro. Has empequeñecido seis centímetros y no pesas sino cuarenta y cinco kilos, pero estás tan bella, graciosa y deseable como siempre. Hace ya 58 años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Tengo en el pecho un vacío devorador que sólo puede llenar el calor de tu cuerpo junto al mío.” El viaje hacia adentro, a donde el fuego no cesa.
1 comentario:
se me cae la lágrima!
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