jueves, 7 de enero de 2010

Sorpresas

Porque me lo has pedido


Hoy la luz roja del semáforo me tocó exactamente frente a una gasolinera. En el borde de la calle estaba un contenedor de basura y junto a el se encontraba un hombre joven y poco agraciado que sacudia una tela roja intentando -inutilmente- quitarle la suciedad obtenida tras años buscando cosas utiles en la basura. Hacia él caminaba una niña de doce o trece años, excesivamente delgada, de rostro tosco y movimientos poco armoniosos, que paseaba un perro pequeño y sucio. A unos metros la seguía con paso cansado una mujer madura, regordeta, de aspecto anodino, presumiblemente su madre.
Cuando la niña se encontró justo al lado del hombre, éste agitó su trapo rojo frente al perro. El can ejecutó entonces una inesperada pirueta intentado atrapar el improvisado capote. En ese momento el hombre poco agraciado, la niña de rostro tosco y la mujer anodina se trenzaron en una sonrisa cálida y luminosa.
Súbitamente ahí estaba la belleza.