Notas previas:
El siguiente articulo es parte de la vida real, cualquier semejanza con la ficción es mera coincidencia.
Disculpas anticipadas por el contenido del mismo. Pero si sonríen al menos una vez al leerlo es que su amplio criterio es merecedor de mis respetos.
Mientras miraba como se acercaba la niebla a la playa de la Barceloneta, tomaba lentamente el resto del vino que quedaba en mi copa y, aunque estaba rodeado por mis dos mejores amigos, lo único que quería es continuar con mi afición de pseudovouyerista: recargar mi espalda en la silla y participar como fiel escucha en la conversión de las personas que estaban en la mesa detrás mio.
- ¡...y entonces, ya había terminado cuando me di cuenta que no había papel en el baño!
- ¿Y que hiciste?
- Le quería mandar un mensaje a mi novia para que lo consiguiera, pero no tenia señal...
Mi mente me situó en un momento similar en el que, por fortuna, nunca me he visto involucrado y extrañamente comencé a sentirme nervioso. Pues no se lo que es estar en esa posición -física y mental- y combinarlo con un lugar ajeno. Aunque lo común en estas situaciones es que los índices etílicos que corren por tus venas sean dignos de una tesis doctoral con mención honorífica de cualquier medico; mi mente me situo en los zapatos de mi hablante, me dio un escalofrio al imaginar el momento de lucidez en el que volteas para comprobar tristemente que solo esta el tubito café de cartón; abres las piernas y compruebas el deslave volcánico -el remierdero ardiente que te acabas de aventar- y en ese instante te llega el fantasma pestilente de la masa zurrifica, mientras afuera de tu habitáculo protector, la fiesta sigue su curso y algún otro integrante de aquel espectáculo digno de la época gloriosa de Roma, te está tocando la puerta: "apurate, te fuiste por el WC ¿o que?" En ese momento te sube la ansiedad y la presión, hasta que llegas a la misma conclusión que cuando te echaron de la escuela: esta situación acaba de pasar al departamento de "chingar a su madre".
Calma. Relajate. Todo tiene solución, especialmente una mierda desastrosa (literalmente hablando) , malo sería que fueras un niño en Biafra y estuvieras sacando lombrices hasta que te quedara el intestino invertido colgando para después morir de shock septico. Para empezar sabemos que hay momentos en el que el papel, por mas infinito que sea y por mas que limpies y limpies, sigue habiendo una pequeña manchita delatadora. Esa manchita, aunque la logres disminuir, va a quedar en tu conciencia. Y aunque salgas a la fiesta y actúes como si nada, te va a delatar el ligero sentimiento de resbalosidad. Sabes que no puedes mirar a ningún elemento del sexo opuesto, porque temes que si todo resulta como los Dioses lo marcan, al momento de bajarte los pantalones, la capacidad olfativa de tu "presa" hará que acabes en tu casa imaginando como pudo haber sido.
Por eso, como se que lo hubiese querido el protagonista de tan penosa situación, transcribiré los tres pasos que se le ocurrieron a nuestro amigo y que, estoy seguro, ha perfeccionado a través de los años y después de infinidad de situaciones vergonzosas:
Paso 1: Prepara el área. Asegurate que los artículos personales del anfitrión estén a distancia considerable, revisa cepillos de dientes, toallas, etc.
Paso 2: Pon el culo en el lavamanos. Cuidado con el cinturón y demás objetos que cuelguen del disfraz que elegiste para verte elegante esa noche. Cuidado, también, con pegarle una patada a las puertitas del lavamanos porque puede ser un ruido delatador si hay personas pegadas a la puerta esperándote.
Paso 3: Enjuaga, repite tantas veces como sea necesario y cuidado con la materia fecal dentro de las uñas.
Por cierto, ¿sabían que el jabón para lavar platos no sirve para el lavaplatos? Pues yo no, y viendo el lado positivo, me ahorre la trapeada.
El siguiente articulo es parte de la vida real, cualquier semejanza con la ficción es mera coincidencia.
Disculpas anticipadas por el contenido del mismo. Pero si sonríen al menos una vez al leerlo es que su amplio criterio es merecedor de mis respetos.
Mientras miraba como se acercaba la niebla a la playa de la Barceloneta, tomaba lentamente el resto del vino que quedaba en mi copa y, aunque estaba rodeado por mis dos mejores amigos, lo único que quería es continuar con mi afición de pseudovouyerista: recargar mi espalda en la silla y participar como fiel escucha en la conversión de las personas que estaban en la mesa detrás mio.
- ¡...y entonces, ya había terminado cuando me di cuenta que no había papel en el baño!
- ¿Y que hiciste?
- Le quería mandar un mensaje a mi novia para que lo consiguiera, pero no tenia señal...
Mi mente me situó en un momento similar en el que, por fortuna, nunca me he visto involucrado y extrañamente comencé a sentirme nervioso. Pues no se lo que es estar en esa posición -física y mental- y combinarlo con un lugar ajeno. Aunque lo común en estas situaciones es que los índices etílicos que corren por tus venas sean dignos de una tesis doctoral con mención honorífica de cualquier medico; mi mente me situo en los zapatos de mi hablante, me dio un escalofrio al imaginar el momento de lucidez en el que volteas para comprobar tristemente que solo esta el tubito café de cartón; abres las piernas y compruebas el deslave volcánico -el remierdero ardiente que te acabas de aventar- y en ese instante te llega el fantasma pestilente de la masa zurrifica, mientras afuera de tu habitáculo protector, la fiesta sigue su curso y algún otro integrante de aquel espectáculo digno de la época gloriosa de Roma, te está tocando la puerta: "apurate, te fuiste por el WC ¿o que?" En ese momento te sube la ansiedad y la presión, hasta que llegas a la misma conclusión que cuando te echaron de la escuela: esta situación acaba de pasar al departamento de "chingar a su madre".
Calma. Relajate. Todo tiene solución, especialmente una mierda desastrosa (literalmente hablando) , malo sería que fueras un niño en Biafra y estuvieras sacando lombrices hasta que te quedara el intestino invertido colgando para después morir de shock septico. Para empezar sabemos que hay momentos en el que el papel, por mas infinito que sea y por mas que limpies y limpies, sigue habiendo una pequeña manchita delatadora. Esa manchita, aunque la logres disminuir, va a quedar en tu conciencia. Y aunque salgas a la fiesta y actúes como si nada, te va a delatar el ligero sentimiento de resbalosidad. Sabes que no puedes mirar a ningún elemento del sexo opuesto, porque temes que si todo resulta como los Dioses lo marcan, al momento de bajarte los pantalones, la capacidad olfativa de tu "presa" hará que acabes en tu casa imaginando como pudo haber sido.
Por eso, como se que lo hubiese querido el protagonista de tan penosa situación, transcribiré los tres pasos que se le ocurrieron a nuestro amigo y que, estoy seguro, ha perfeccionado a través de los años y después de infinidad de situaciones vergonzosas:
Paso 1: Prepara el área. Asegurate que los artículos personales del anfitrión estén a distancia considerable, revisa cepillos de dientes, toallas, etc.
Paso 2: Pon el culo en el lavamanos. Cuidado con el cinturón y demás objetos que cuelguen del disfraz que elegiste para verte elegante esa noche. Cuidado, también, con pegarle una patada a las puertitas del lavamanos porque puede ser un ruido delatador si hay personas pegadas a la puerta esperándote.
Paso 3: Enjuaga, repite tantas veces como sea necesario y cuidado con la materia fecal dentro de las uñas.
Por cierto, ¿sabían que el jabón para lavar platos no sirve para el lavaplatos? Pues yo no, y viendo el lado positivo, me ahorre la trapeada.
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